jueves, 15 de abril de 2010

Un signo de impotencia, una manera de expresar

Y sabiendo las consecuencias de mis actos,
yo me aventuré en esta pasión.
Pasión de mis amores,
pasión de mi corazón.

No digo que me equivocara,
no digo que todo fuera mal.
Solo pienso que quizá las cosas se podían mejorar,
solo pienso que quizás no encontramos un buen final.

Creyendo en tí este corazón no penso en él,
solo se dejó guiar por lo que tu pedías.
Solo imaginó un buen presente y futuro,
solo imaginé una relación sin tonterías.

Saber que se puede contar con alguien siempre es un gran alivio,
ser sincero y no amargarte tu sola en tu soledad.
La pena es si no encuentras un hombro donde llorar,
el problema es si ese hombro te escucha con maldad.

Se arriesga tanto en tan poco tiempo,
que cuando te das cuenta preguntas por qué.
Preguntas por qué no pensaste las cosas dos veces,
no estas seguro de que lo que hiciste estaba bien.

Y es que esta vida la veo muy efímera,
no la vivimos por intentar descifrar sus incógnitas.
Y es que esta vida la veo tan compleja
que nos acabamos cansando de intentar resolver sus enigmas.

Tanto tiempo malgastado en cosas vanales,
tantas palabras dichas en vano.
No sabemos distinguir lo importante de lo trivial
no sabemos apreciar las cosas de verdad.

Muchas peleas absurdas,
demasiadas disputas innecesarias.
Muchas relaciones terminadas por equivocación
demasiados corazones rotos por tonterías.

Nos sentimos muy mayores
pero no somos más que niños.
Asustadizos, ingenuos, torpes
valientes, inteligentes, listos.

Si lucháramos por la verdad
veríamos la realidad:
que esta es demasiada dura,
demasiado cruda.

Muchas cuestiones son las que me planteo,
a pocas encuentro respuestas.
Aún así sigo luchando por hacer ver
que la vida no es lo que aparenta.

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