Recuerda cuando todavia eramos amigas. Recuerda nuestros bailes en la calle, nuestras risas bajo el frío copo de nieve, esos lloros en las escaleras de tu vieja casa, las aventuras por los jardines de la mia, las noches contando estrellas en el bar de tu padre, montando en bici recorriendo todo el casco antiguo de la inmensa ciudad, cuando nos escapábamos para dormir juntas en la calle, nuestros sueños: andar por el cielo, volar por el agua, nadar juntas por y para siempre hasta dios sabe cuando, nunca enamorarnos...
Ahora miro atrás y veo que a ti te encantaba jugar con fuego. Debería haberme dado cuenta antes.
El amor acabó llegando a ti y penetró en tu corazón. Aunque él fuera mayor que tu a ti te daba igual: te iban los retos imposibles.
Como cabía de esperar, lo conseguiste. Pero no fue un premio lo que al final recibiste. Te hacía hacer cosas que tu no querías... Pero te daba igual, lo dejaste todo atrás en la aventura de seguir con él. Hasta me dejaste a mi. Yo nunca te dejé a ti.
En el infierno que vivías, corrias desesperada buscando fe, algo en lo que creer, algo que te ayudara a sostenerte... ya que él no hacía más que empujarte hacia el suelo.
Ya sacabas fuerzas del dolor que él te infrigía. Haciendo oidos sordos a sus mentiras para convertirlas en verdades y aguantando los dolores para transformarlos en caricias. Y es que el dolor era lo único que te quedaba.
Te engañabas y hacías que a tus ojos todo pareciera que iba bien. Todo iba bien.
Ahora en tu interior no paras de llorar. Ahora tu corazón no para de sangrar. Ahora tu mente no para de repetirse una y otra vez el POR QUÉ.
No mueras en la desesperanza, deja a tus sueños volar, todavía te queda mucho por vivir, deja de matarte a ti misma y no dejes que tus esperanzas mueran.
Lo creas o no, todavía la vida te brinda una segunda oportunidad alejada del dolor y las mentiras. Aprovéchala.
Y ante todo recuerda: Yo nunca te dejé a ti.
Sigo esmerándome en la ardua tarea de descubrir cómo soy en realidad. Hoy día, hay veces que me sorprendo al encontrar nuevos aspectos de mi que me eran totalmente desconocidos :)
martes, 27 de julio de 2010
miércoles, 7 de julio de 2010
Sentimientos del pasado
- ¿Y eso?¿ A consecuencia de qué paso todo?
- Pues todo se fue a pique cuando la gente dejó de creer en los sueños. NO soñaban, no tenían interés en hacerlo. Se conformaban con las cosas materiales, con las cosas que podían tocar con las manos y no con la imaginación.
- Qué triste. Pero... ¿cómo se les "castigó"? No me refiero a las consecuencias, sino los métodos que usaron.
- Hablemos en singular. No fueron muchos, fue una la que se encargó del "castigo". Fuerte, poderosa, manipuladora en todo lo que hacía...
- ¿Hacía?- dije suspicazmente al oir un leve suspiro soñador, algo contradictorio sabiendo la situación que reinaba- Pero, sea quien fuere la que lo hizo si ya no sigue viva, ¿por qué no acaba vuestro sufrimiento?
- Oh... no, no está muerta. Si lo estuviera yo...- se oyó un carraspeó y, al volver a hablar, se notaba una nueva fuerza- Yo tendría cuerpo ahora mismo, ¿no?
- Eh... sí, es verdad, perdona. Pero, entonces, ¿por qué has dicho "hacía" en vez de "hace"?
Hubo un silencio bastante incómodo, pero no para mi, sino para él.
- Bueno - dijo con voz algo insegura pero queriendo ocultarlo- eso no importa, son cosas que no te incumben para nada, no hace falta que te metas.
- Vale vale. Si me dices que no me meta, no me meto, no soy tan cotilla. No andes tan equivocado.
- Sí, perdona. Es que me pongo algo nervioso al hablar de este tema. Me duele mucho.
- ¡Báh! - dije con una sonrisa-, seguro que con el tiempo se te pasa y no te hace tanto daño. Para entonces, podrás hablar de ello sin que te duela tanto y cuando estés listo, yo te escucharé.
- Gracias. En serio, es muy confortable dejar de pensar tanto en los problemas que con tanta insistencia rondan tu cabeza- dijo con infinito agradecimiento en su voz.
Me quedé pensando unos 5 minutos en los que ni él ni yo hablamos. ¿Qué sería aquello que tan dentro le llegaba y que le dolía como el primer día para no contarlo cuando ya lleva demasiado tiempo sin cuerpo y sin nadie al lado? Algo estaba claro: tenía que descubrir al menos una cuarta parte de los secretos de aquella voz tan magnífica si quería llegar a comprender algo de lo que me rodeaba en aquel país. Lo mejor para abrir su corazón y hacer que confiara en mi quizá sería contarle una anécdota en la que sentí algo que le está pasando a él.
- Oye, ¿quieres que te cuente una cosilla para que despejes tu mente?
- Como quieras. Te escucho.
Bueno vale, pero no te puedo asegurar que sea corto, ¿eh?- le dije con una sonrisa- Una vez, a pesar de mis pocos años, estuve realmente enamorada. El amor no tiene edad, querida voz, el amor es una de las únicas cosas que siempre va a existir y que se puede ver como el cielo más deseado o el infierno más terrible. Él lo era todo para mi, ¿sabes? ¿Por qué me vestía? Para que él me viera guapa. ¿Por qué me pintarraqueaba hasta que no cabía más maquillaje en mi pequeña cara? Para que él no pudiera ver que en verdad soy lo más imperfecto que se habría podido hechar a su perfecta cara. ¿Por qué hacía ejercicio y me mantenía en mi linea, me cuidaba el pelo como nunca, estaba lo más simpática que podía, graciosa...? Dios, por él. Y es que en verdad vivía por Él. Mi vida era ese hombre y mi mente solo podía pensar en una cosa: él, él, él, él, él... Siempre Él.- me quedé parada. No creía que volvería a recordar los sentimientos que sentí en aquellos momentos por él. Era todo tan intenso... y si me volviera a interesar por él, me enamoraría de su recuerdo. Así que, ¿para qué?Además...
- Vaya, cualquiera diría que estabas obsesionada. Jajaja.
- Jajaja Sí, no te digo yo que no la verdad. Pero sé que estaba enamorada, no era un simple capricho, un mero capricho del momento. Le quise tanto. Tanto. Pero tanto que ni te lo puedes imaginar. Era un sin vivir, la verdad. Pero él... bueno, de él no puedo decir lo mismo. Ni la milésimamicrominúscula parte de su ser sentía algún interés por mi. Era solo el mejor en natación y yo una simple chica que no sabía ni cómo nadar bien a braza. Un día, no sé cómo, nos pusieron de pareja y empezamos a hablar. Puedo presumir de ser abierta, y por eso hablamos mucho durante la hora que estuvimos el uno al lado del otro. Me empezó a contar sus "gandres hazañas" en el mundo de la natación, de la cantidad de trofeos ganados, de las muchas medallas que había obtenido, de todas las chicas que se le habían acercado, de... de tantas y tantas cosas, querido amigo, que acabé llegando a la siguiente conclusión: era un creido de lo peor que se haya visto. Aún así, mi amor por él, el cariño y admiración que profesaba por su persona no disminuía, sino al contrario, iba en aumento por cada palabara que salía de su boca.
> Pero, ¿sabes una cosa que me molestó y que me dió pie a reforzar la idea de que no sentía ningún interés hacia mi? Que no me preguntara, ni siquiera, mi nombre. No sé, creo que yo era un bulto que le ayudaba a desahogarse, que no importaba quién fuera.
> Duele. Duele mucho que te traten como si no fueras nada. Eres un juguete, algo que hace que por un momento no te aburras. Solo eso. Me trató como a una basura no solo ese día, sino todos los que los sucedieron, no porque me insultara, sino porque ni siquiera se le había pasado por la mente el poder insultarme, preguntarme algo de mi vida, cuantos años tenía... Patético. ¿Y sabes qué es lo más gracioso? Que como estaba enamorada de él, no me daba cuenta de su trato. Era él. Era él el que hacía que me muriera cada día consumida en mi cama con la cabeza tapada con la almohada. Cada tarde, después de verlo en natación, acababa demacrada, con los ojos rojos, deambulando por mi casa como un fantasma sin rumbo ni fin.
> Mi conclusión, debido a esa experiencia, es que el amor es una mierda. Dicen que es bonito a los que les a ido bien pero a otros como yo nos parece que no tiene más fin que hacernos sufrir como trozos de carne sin sentimientos.
- Vaya... - habló pasado unos minutos- A mi... a mi también me ha pasado que me he enamorado. Y mucho. Pero a diferecia de ti he de decir que aún sigo bebiendo los vientos por ella y que lo nuestro es un amor desgraciado. Ella me correspondía, nos profesábamos un amor incalculable, superior a todo. O eso creía yo.
> Ella era muy ambiciosa con todo, siempre quería superarse a sí misma una y otra vez con la única idea en la mente de que después de un logro, había un premio. Y ella vivía para eso. Poco a poco, fue separándose de mi y olvidando el amor que sentía hacia mi persona, escondiéndolo en un hueco de su corazón y sellándolo con llave ya que entorpecía sus ganas de conseguir cosas. Me iba evitándo y siempre se pasaba el día encerrada en su casa, tramando no sé qué. Nunca me dijo lo que estaba maquinando su mente. Yo hacía todo para que saliera, para que se curara de su obsesión pero no atendía a razones. Ella nunca...- se interrumpió debido a que su voz se quebraba a medida que iba avanzando el relato.
Yo me quedé en silencio, reconociendo en su voz ese matiz de amargura, de no saber qué hacer, de sufrimiento eterno que había experimentado mi cuerpo hace ya tanto tiempo. No se porqué me dije a mi misma que no era bueno hacer que siguiera porque parecía que se iba a consumir de un momento a otro.
- Bueno, creo que sería bueno que me fuera ya, ¿no? Es que se estará haciendo tarde y eso y veo que lo estás pasando francamente mal.
- Sí, cierto. Que te vayas será lo mejor. - Acto seguido empecé a notar ese remolino tan familiar para mi girar a mi alrededor.- Una cosa, antes de que te marches.
- Dispara.
- ¿Cómo hiciste para olvidarte del amor que sentías por ese niño?
- Te equivocas. Nunca me olvidé del amor que sentía por él. Eso sería negar una realidad. Lo único que hice fue centrarme en una cosa fundamental, necesaría para seguir viviendo: ser feliz. Una vez lo conseguí, sentí cómo esa herida imaginaria infrigida por el amor se iba cicatrizando, que las sombras del sufirmiento me iban abandonando, reconociendo que debía reprocharme ciertos errores pero que ya había llegado la hora de perdonarme a mi misma y seguir adelante.
Una última sonrisa.
Un último suspiro.
Un último gracias.
Un último pensamiento: el de ser feliz.
Un último abandono de la consciencia.
- Pues todo se fue a pique cuando la gente dejó de creer en los sueños. NO soñaban, no tenían interés en hacerlo. Se conformaban con las cosas materiales, con las cosas que podían tocar con las manos y no con la imaginación.
- Qué triste. Pero... ¿cómo se les "castigó"? No me refiero a las consecuencias, sino los métodos que usaron.
- Hablemos en singular. No fueron muchos, fue una la que se encargó del "castigo". Fuerte, poderosa, manipuladora en todo lo que hacía...
- ¿Hacía?- dije suspicazmente al oir un leve suspiro soñador, algo contradictorio sabiendo la situación que reinaba- Pero, sea quien fuere la que lo hizo si ya no sigue viva, ¿por qué no acaba vuestro sufrimiento?
- Oh... no, no está muerta. Si lo estuviera yo...- se oyó un carraspeó y, al volver a hablar, se notaba una nueva fuerza- Yo tendría cuerpo ahora mismo, ¿no?
- Eh... sí, es verdad, perdona. Pero, entonces, ¿por qué has dicho "hacía" en vez de "hace"?
Hubo un silencio bastante incómodo, pero no para mi, sino para él.
- Bueno - dijo con voz algo insegura pero queriendo ocultarlo- eso no importa, son cosas que no te incumben para nada, no hace falta que te metas.
- Vale vale. Si me dices que no me meta, no me meto, no soy tan cotilla. No andes tan equivocado.
- Sí, perdona. Es que me pongo algo nervioso al hablar de este tema. Me duele mucho.
- ¡Báh! - dije con una sonrisa-, seguro que con el tiempo se te pasa y no te hace tanto daño. Para entonces, podrás hablar de ello sin que te duela tanto y cuando estés listo, yo te escucharé.
- Gracias. En serio, es muy confortable dejar de pensar tanto en los problemas que con tanta insistencia rondan tu cabeza- dijo con infinito agradecimiento en su voz.
Me quedé pensando unos 5 minutos en los que ni él ni yo hablamos. ¿Qué sería aquello que tan dentro le llegaba y que le dolía como el primer día para no contarlo cuando ya lleva demasiado tiempo sin cuerpo y sin nadie al lado? Algo estaba claro: tenía que descubrir al menos una cuarta parte de los secretos de aquella voz tan magnífica si quería llegar a comprender algo de lo que me rodeaba en aquel país. Lo mejor para abrir su corazón y hacer que confiara en mi quizá sería contarle una anécdota en la que sentí algo que le está pasando a él.
- Oye, ¿quieres que te cuente una cosilla para que despejes tu mente?
- Como quieras. Te escucho.
Bueno vale, pero no te puedo asegurar que sea corto, ¿eh?- le dije con una sonrisa- Una vez, a pesar de mis pocos años, estuve realmente enamorada. El amor no tiene edad, querida voz, el amor es una de las únicas cosas que siempre va a existir y que se puede ver como el cielo más deseado o el infierno más terrible. Él lo era todo para mi, ¿sabes? ¿Por qué me vestía? Para que él me viera guapa. ¿Por qué me pintarraqueaba hasta que no cabía más maquillaje en mi pequeña cara? Para que él no pudiera ver que en verdad soy lo más imperfecto que se habría podido hechar a su perfecta cara. ¿Por qué hacía ejercicio y me mantenía en mi linea, me cuidaba el pelo como nunca, estaba lo más simpática que podía, graciosa...? Dios, por él. Y es que en verdad vivía por Él. Mi vida era ese hombre y mi mente solo podía pensar en una cosa: él, él, él, él, él... Siempre Él.- me quedé parada. No creía que volvería a recordar los sentimientos que sentí en aquellos momentos por él. Era todo tan intenso... y si me volviera a interesar por él, me enamoraría de su recuerdo. Así que, ¿para qué?Además...
- Vaya, cualquiera diría que estabas obsesionada. Jajaja.
- Jajaja Sí, no te digo yo que no la verdad. Pero sé que estaba enamorada, no era un simple capricho, un mero capricho del momento. Le quise tanto. Tanto. Pero tanto que ni te lo puedes imaginar. Era un sin vivir, la verdad. Pero él... bueno, de él no puedo decir lo mismo. Ni la milésimamicrominúscula parte de su ser sentía algún interés por mi. Era solo el mejor en natación y yo una simple chica que no sabía ni cómo nadar bien a braza. Un día, no sé cómo, nos pusieron de pareja y empezamos a hablar. Puedo presumir de ser abierta, y por eso hablamos mucho durante la hora que estuvimos el uno al lado del otro. Me empezó a contar sus "gandres hazañas" en el mundo de la natación, de la cantidad de trofeos ganados, de las muchas medallas que había obtenido, de todas las chicas que se le habían acercado, de... de tantas y tantas cosas, querido amigo, que acabé llegando a la siguiente conclusión: era un creido de lo peor que se haya visto. Aún así, mi amor por él, el cariño y admiración que profesaba por su persona no disminuía, sino al contrario, iba en aumento por cada palabara que salía de su boca.
> Pero, ¿sabes una cosa que me molestó y que me dió pie a reforzar la idea de que no sentía ningún interés hacia mi? Que no me preguntara, ni siquiera, mi nombre. No sé, creo que yo era un bulto que le ayudaba a desahogarse, que no importaba quién fuera.
> Duele. Duele mucho que te traten como si no fueras nada. Eres un juguete, algo que hace que por un momento no te aburras. Solo eso. Me trató como a una basura no solo ese día, sino todos los que los sucedieron, no porque me insultara, sino porque ni siquiera se le había pasado por la mente el poder insultarme, preguntarme algo de mi vida, cuantos años tenía... Patético. ¿Y sabes qué es lo más gracioso? Que como estaba enamorada de él, no me daba cuenta de su trato. Era él. Era él el que hacía que me muriera cada día consumida en mi cama con la cabeza tapada con la almohada. Cada tarde, después de verlo en natación, acababa demacrada, con los ojos rojos, deambulando por mi casa como un fantasma sin rumbo ni fin.
> Mi conclusión, debido a esa experiencia, es que el amor es una mierda. Dicen que es bonito a los que les a ido bien pero a otros como yo nos parece que no tiene más fin que hacernos sufrir como trozos de carne sin sentimientos.
- Vaya... - habló pasado unos minutos- A mi... a mi también me ha pasado que me he enamorado. Y mucho. Pero a diferecia de ti he de decir que aún sigo bebiendo los vientos por ella y que lo nuestro es un amor desgraciado. Ella me correspondía, nos profesábamos un amor incalculable, superior a todo. O eso creía yo.
> Ella era muy ambiciosa con todo, siempre quería superarse a sí misma una y otra vez con la única idea en la mente de que después de un logro, había un premio. Y ella vivía para eso. Poco a poco, fue separándose de mi y olvidando el amor que sentía hacia mi persona, escondiéndolo en un hueco de su corazón y sellándolo con llave ya que entorpecía sus ganas de conseguir cosas. Me iba evitándo y siempre se pasaba el día encerrada en su casa, tramando no sé qué. Nunca me dijo lo que estaba maquinando su mente. Yo hacía todo para que saliera, para que se curara de su obsesión pero no atendía a razones. Ella nunca...- se interrumpió debido a que su voz se quebraba a medida que iba avanzando el relato.
Yo me quedé en silencio, reconociendo en su voz ese matiz de amargura, de no saber qué hacer, de sufrimiento eterno que había experimentado mi cuerpo hace ya tanto tiempo. No se porqué me dije a mi misma que no era bueno hacer que siguiera porque parecía que se iba a consumir de un momento a otro.
- Bueno, creo que sería bueno que me fuera ya, ¿no? Es que se estará haciendo tarde y eso y veo que lo estás pasando francamente mal.
- Sí, cierto. Que te vayas será lo mejor. - Acto seguido empecé a notar ese remolino tan familiar para mi girar a mi alrededor.- Una cosa, antes de que te marches.
- Dispara.
- ¿Cómo hiciste para olvidarte del amor que sentías por ese niño?
- Te equivocas. Nunca me olvidé del amor que sentía por él. Eso sería negar una realidad. Lo único que hice fue centrarme en una cosa fundamental, necesaría para seguir viviendo: ser feliz. Una vez lo conseguí, sentí cómo esa herida imaginaria infrigida por el amor se iba cicatrizando, que las sombras del sufirmiento me iban abandonando, reconociendo que debía reprocharme ciertos errores pero que ya había llegado la hora de perdonarme a mi misma y seguir adelante.
Una última sonrisa.
Un último suspiro.
Un último gracias.
Un último pensamiento: el de ser feliz.
Un último abandono de la consciencia.
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