Recuerda cuando todavia eramos amigas. Recuerda nuestros bailes en la calle, nuestras risas bajo el frío copo de nieve, esos lloros en las escaleras de tu vieja casa, las aventuras por los jardines de la mia, las noches contando estrellas en el bar de tu padre, montando en bici recorriendo todo el casco antiguo de la inmensa ciudad, cuando nos escapábamos para dormir juntas en la calle, nuestros sueños: andar por el cielo, volar por el agua, nadar juntas por y para siempre hasta dios sabe cuando, nunca enamorarnos...
Ahora miro atrás y veo que a ti te encantaba jugar con fuego. Debería haberme dado cuenta antes.
El amor acabó llegando a ti y penetró en tu corazón. Aunque él fuera mayor que tu a ti te daba igual: te iban los retos imposibles.
Como cabía de esperar, lo conseguiste. Pero no fue un premio lo que al final recibiste. Te hacía hacer cosas que tu no querías... Pero te daba igual, lo dejaste todo atrás en la aventura de seguir con él. Hasta me dejaste a mi. Yo nunca te dejé a ti.
En el infierno que vivías, corrias desesperada buscando fe, algo en lo que creer, algo que te ayudara a sostenerte... ya que él no hacía más que empujarte hacia el suelo.
Ya sacabas fuerzas del dolor que él te infrigía. Haciendo oidos sordos a sus mentiras para convertirlas en verdades y aguantando los dolores para transformarlos en caricias. Y es que el dolor era lo único que te quedaba.
Te engañabas y hacías que a tus ojos todo pareciera que iba bien. Todo iba bien.
Ahora en tu interior no paras de llorar. Ahora tu corazón no para de sangrar. Ahora tu mente no para de repetirse una y otra vez el POR QUÉ.
No mueras en la desesperanza, deja a tus sueños volar, todavía te queda mucho por vivir, deja de matarte a ti misma y no dejes que tus esperanzas mueran.
Lo creas o no, todavía la vida te brinda una segunda oportunidad alejada del dolor y las mentiras. Aprovéchala.
Y ante todo recuerda: Yo nunca te dejé a ti.
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