martes, 27 de julio de 2010

Nunca te dejé.

Recuerda cuando todavia eramos amigas. Recuerda nuestros bailes en la calle, nuestras risas bajo el frío copo de nieve, esos lloros en las escaleras de tu vieja casa, las aventuras por los jardines de la mia, las noches contando estrellas en el bar de tu padre, montando en bici recorriendo todo el casco antiguo de la inmensa ciudad, cuando nos escapábamos para dormir juntas en la calle, nuestros sueños: andar por el cielo, volar por el agua, nadar juntas por y para siempre hasta dios sabe cuando, nunca enamorarnos...

Ahora miro atrás y veo que a ti te encantaba jugar con fuego. Debería haberme dado cuenta antes.

El amor acabó llegando a ti y penetró en tu corazón. Aunque él fuera mayor que tu a ti te daba igual: te iban los retos imposibles.

Como cabía de esperar, lo conseguiste. Pero no fue un premio lo que al final recibiste. Te hacía hacer cosas que tu no querías... Pero te daba igual, lo dejaste todo atrás en la aventura de seguir con él. Hasta me dejaste a mi. Yo nunca te dejé a ti.

En el infierno que vivías, corrias desesperada buscando fe, algo en lo que creer, algo que te ayudara a sostenerte... ya que él no hacía más que empujarte hacia el suelo.

Ya sacabas fuerzas del dolor que él te infrigía. Haciendo oidos sordos a sus mentiras para convertirlas en verdades y aguantando los dolores para transformarlos en caricias. Y es que el dolor era lo único que te quedaba.

Te engañabas y hacías que a tus ojos todo pareciera que iba bien. Todo iba bien.

Ahora en tu interior no paras de llorar. Ahora tu corazón no para de sangrar. Ahora tu mente no para de repetirse una y otra vez el POR QUÉ.

No mueras en la desesperanza, deja a tus sueños volar, todavía te queda mucho por vivir, deja de matarte a ti misma y no dejes que tus esperanzas mueran.

Lo creas o no, todavía la vida te brinda una segunda oportunidad alejada del dolor y las mentiras. Aprovéchala.

Y ante todo recuerda: Yo nunca te dejé a ti.

miércoles, 7 de julio de 2010

Sentimientos del pasado

- ¿Y eso?¿ A consecuencia de qué paso todo?

- Pues todo se fue a pique cuando la gente dejó de creer en los sueños. NO soñaban, no tenían interés en hacerlo. Se conformaban con las cosas materiales, con las cosas que podían tocar con las manos y no con la imaginación.

- Qué triste. Pero... ¿cómo se les "castigó"? No me refiero a las consecuencias, sino los métodos que usaron.

- Hablemos en singular. No fueron muchos, fue una la que se encargó del "castigo". Fuerte, poderosa, manipuladora en todo lo que hacía...

- ¿Hacía?- dije suspicazmente al oir un leve suspiro soñador, algo contradictorio sabiendo la situación que reinaba- Pero, sea quien fuere la que lo hizo si ya no sigue viva, ¿por qué no acaba vuestro sufrimiento?

- Oh... no, no está muerta. Si lo estuviera yo...- se oyó un carraspeó y, al volver a hablar, se notaba una nueva fuerza- Yo tendría cuerpo ahora mismo, ¿no?

- Eh... sí, es verdad, perdona. Pero, entonces, ¿por qué has dicho "hacía" en vez de "hace"?

Hubo un silencio bastante incómodo, pero no para mi, sino para él.

- Bueno - dijo con voz algo insegura pero queriendo ocultarlo- eso no importa, son cosas que no te incumben para nada, no hace falta que te metas.

- Vale vale. Si me dices que no me meta, no me meto, no soy tan cotilla. No andes tan equivocado.

- Sí, perdona. Es que me pongo algo nervioso al hablar de este tema. Me duele mucho.

- ¡Báh! - dije con una sonrisa-, seguro que con el tiempo se te pasa y no te hace tanto daño. Para entonces, podrás hablar de ello sin que te duela tanto y cuando estés listo, yo te escucharé.

- Gracias. En serio, es muy confortable dejar de pensar tanto en los problemas que con tanta insistencia rondan tu cabeza- dijo con infinito agradecimiento en su voz.

Me quedé pensando unos 5 minutos en los que ni él ni yo hablamos. ¿Qué sería aquello que tan dentro le llegaba y que le dolía como el primer día para no contarlo cuando ya lleva demasiado tiempo sin cuerpo y sin nadie al lado? Algo estaba claro: tenía que descubrir al menos una cuarta parte de los secretos de aquella voz tan magnífica si quería llegar a comprender algo de lo que me rodeaba en aquel país. Lo mejor para abrir su corazón y hacer que confiara en mi quizá sería contarle una anécdota en la que sentí algo que le está pasando a él.

- Oye, ¿quieres que te cuente una cosilla para que despejes tu mente?

- Como quieras. Te escucho.

Bueno vale, pero no te puedo asegurar que sea corto, ¿eh?- le dije con una sonrisa- Una vez, a pesar de mis pocos años, estuve realmente enamorada. El amor no tiene edad, querida voz, el amor es una de las únicas cosas que siempre va a existir y que se puede ver como el cielo más deseado o el infierno más terrible. Él lo era todo para mi, ¿sabes? ¿Por qué me vestía? Para que él me viera guapa. ¿Por qué me pintarraqueaba hasta que no cabía más maquillaje en mi pequeña cara? Para que él no pudiera ver que en verdad soy lo más imperfecto que se habría podido hechar a su perfecta cara. ¿Por qué hacía ejercicio y me mantenía en mi linea, me cuidaba el pelo como nunca, estaba lo más simpática que podía, graciosa...? Dios, por él. Y es que en verdad vivía por Él. Mi vida era ese hombre y mi mente solo podía pensar en una cosa: él, él, él, él, él... Siempre Él.- me quedé parada. No creía que volvería a recordar los sentimientos que sentí en aquellos momentos por él. Era todo tan intenso... y si me volviera a interesar por él, me enamoraría de su recuerdo. Así que, ¿para qué?Además...

- Vaya, cualquiera diría que estabas obsesionada. Jajaja.

- Jajaja Sí, no te digo yo que no la verdad. Pero sé que estaba enamorada, no era un simple capricho, un mero capricho del momento. Le quise tanto. Tanto. Pero tanto que ni te lo puedes imaginar. Era un sin vivir, la verdad. Pero él... bueno, de él no puedo decir lo mismo. Ni la milésimamicrominúscula parte de su ser sentía algún interés por mi. Era solo el mejor en natación y yo una simple chica que no sabía ni cómo nadar bien a braza. Un día, no sé cómo, nos pusieron de pareja y empezamos a hablar. Puedo presumir de ser abierta, y por eso hablamos mucho durante la hora que estuvimos el uno al lado del otro. Me empezó a contar sus "gandres hazañas" en el mundo de la natación, de la cantidad de trofeos ganados, de las muchas medallas que había obtenido, de todas las chicas que se le habían acercado, de... de tantas y tantas cosas, querido amigo, que acabé llegando a la siguiente conclusión: era un creido de lo peor que se haya visto. Aún así, mi amor por él, el cariño y admiración que profesaba por su persona no disminuía, sino al contrario, iba en aumento por cada palabara que salía de su boca.

> Pero, ¿sabes una cosa que me molestó y que me dió pie a reforzar la idea de que no sentía ningún interés hacia mi? Que no me preguntara, ni siquiera, mi nombre. No sé, creo que yo era un bulto que le ayudaba a desahogarse, que no importaba quién fuera.

> Duele. Duele mucho que te traten como si no fueras nada. Eres un juguete, algo que hace que por un momento no te aburras. Solo eso. Me trató como a una basura no solo ese día, sino todos los que los sucedieron, no porque me insultara, sino porque ni siquiera se le había pasado por la mente el poder insultarme, preguntarme algo de mi vida, cuantos años tenía... Patético. ¿Y sabes qué es lo más gracioso? Que como estaba enamorada de él, no me daba cuenta de su trato. Era él. Era él el que hacía que me muriera cada día consumida en mi cama con la cabeza tapada con la almohada. Cada tarde, después de verlo en natación, acababa demacrada, con los ojos rojos, deambulando por mi casa como un fantasma sin rumbo ni fin.

> Mi conclusión, debido a esa experiencia, es que el amor es una mierda. Dicen que es bonito a los que les a ido bien pero a otros como yo nos parece que no tiene más fin que hacernos sufrir como trozos de carne sin sentimientos.

- Vaya... - habló pasado unos minutos- A mi... a mi también me ha pasado que me he enamorado. Y mucho. Pero a diferecia de ti he de decir que aún sigo bebiendo los vientos por ella y que lo nuestro es un amor desgraciado. Ella me correspondía, nos profesábamos un amor incalculable, superior a todo. O eso creía yo.

> Ella era muy ambiciosa con todo, siempre quería superarse a sí misma una y otra vez con la única idea en la mente de que después de un logro, había un premio. Y ella vivía para eso. Poco a poco, fue separándose de mi y olvidando el amor que sentía hacia mi persona, escondiéndolo en un hueco de su corazón y sellándolo con llave ya que entorpecía sus ganas de conseguir cosas. Me iba evitándo y siempre se pasaba el día encerrada en su casa, tramando no sé qué. Nunca me dijo lo que estaba maquinando su mente. Yo hacía todo para que saliera, para que se curara de su obsesión pero no atendía a razones. Ella nunca...- se interrumpió debido a que su voz se quebraba a medida que iba avanzando el relato.

Yo me quedé en silencio, reconociendo en su voz ese matiz de amargura, de no saber qué hacer, de sufrimiento eterno que había experimentado mi cuerpo hace ya tanto tiempo. No se porqué me dije a mi misma que no era bueno hacer que siguiera porque parecía que se iba a consumir de un momento a otro.

- Bueno, creo que sería bueno que me fuera ya, ¿no? Es que se estará haciendo tarde y eso y veo que lo estás pasando francamente mal.

- Sí, cierto. Que te vayas será lo mejor. - Acto seguido empecé a notar ese remolino tan familiar para mi girar a mi alrededor.- Una cosa, antes de que te marches.

- Dispara.

- ¿Cómo hiciste para olvidarte del amor que sentías por ese niño?

- Te equivocas. Nunca me olvidé del amor que sentía por él. Eso sería negar una realidad. Lo único que hice fue centrarme en una cosa fundamental, necesaría para seguir viviendo: ser feliz. Una vez lo conseguí, sentí cómo esa herida imaginaria infrigida por el amor se iba cicatrizando, que las sombras del sufirmiento me iban abandonando, reconociendo que debía reprocharme ciertos errores pero que ya había llegado la hora de perdonarme a mi misma y seguir adelante.

Una última sonrisa.

Un último suspiro.

Un último gracias.

Un último pensamiento: el de ser feliz.

Un último abandono de la consciencia.

lunes, 14 de junio de 2010

Azucena

La primera vez que vi a Azucena fue como si nada existiera excepto su delicada figura. El tiempo se paró, quizá porque ella se lo pidió, y en ese transcurso de tiempo en el que no me sentía ni más joven ni más viejo pude ver porqué se creó la palabra inverosímil.

Ella era algo volátil, era como si un mero soplo de aire la rompiera, la hiciera volar sin el más mínimo esfuerzo debido a lo liviana que era. Sus facciones no delataban su edad, jugaban a que adivinaras la eterna juventud que presentaba.

No sé si fue una suerte maravillosa o un tremendo castigo el verla, pero debo decir que el motivo por el que el destino quiso que la contemplara no me importa. Lo importante es el hecho de haber podido ver la verdadera belleza con cuerpo humano y en un lugar tan mediocre.

Azucena... sí, tal y como su nombre indicaba, era una de las flores más hermosas que jamás hayas podido contemplar. Ese halo de misterio en ella, esa inmortal sonrisa en su rostro, ese extraño brillo que la rodeaba... todo se hacía mágico por un mísero instante por el simple hecho de que ella pasara por allí.

No había corrupción en su forma de vestir, no había la aspereza, desconfianza y ganas de aprovechamientos en sus puros ojos. Su melena rubia, casi transparente, la tenía a merced del viento, ondeando como una bandera de salvación a todos tus males. Era tan larga, que la misma Rapunzel se hubiera puesto celosa ante tal longitud.

Su ropa se basaba en un simple vestido hecho con tul. No era una prenda insinuadora a pesar de lo corto que era. Tú la mirabas y no pensabas algo diferente de "es una belleza inocente, infantil en todos sus aspectos y tan tierna que hasta la persona más cruel e inflexible del mundo cedería con tan solo ella pedirlo".

Con solo verla, en aquel mismo instante, supe que Azucena era la persona que había estado esperando toda mi vida. Me miró con sus limpios ojos, de un verde esmeralda intensos. No parpadeó, siguió para delante, sin apartar la vista. Me decían algo, me transmitían un sentimiento de alivio, de alivio al haber encontrado algo que se lleva mucho, demasiado tiempo buscando. Pasó de largo a mi lado, muy pegada. Olía a azucenas.

Cuando la perdí de vista, estuve unos segundos parado, paralizado. Cuando me dí la vuelta para admirar cómo se iba o incluso seguirla y presentarme de una manera absurda, no estaba. Había desaparecido, se había esfumado, se había unido a la brisa marina que azotaba mi cara. Me quedé petrificado, buscándola con la mirada mientras que a mi alrededor flotaba un maravilloso olor a azucenas.

Hoy día, siempre que voy por la calle, la escudriño por si acaso veo a Azucena.

Han pasado muchos años desde la primera y última vez que la vi.

Y aún la sigo esperando.

lunes, 24 de mayo de 2010

El Rincón de los Árboles Milenarios




¡PUM!

- ¡Uf! Otra vez no... - dije medio dolorida.

Era la tercera vez que me pasaba esto. Ya era la tercera vez que me caía de la cama y siempre me pasaba cuando soñaba con...
Me toqué la cabeza por detrás y encontré lo que buscaba: el tercer chichón que mi cabeza había conseguido en muy poco tiempo. Bueno, esas eran las desventajas de vivir en una litera: que si te caes, la caida dolorosa está más que asegurada.

Me levanté con paso vacilante. No miré el móvil para saber la hora que era. Total, ya me había acostumbrado a que en las dos veces anteriores que había soñado con ese sueño no me levantaba tarde. Me dirigí al cuarto de baño, como todas las mañanas. Me sentía muy cansada ultimamente por los exámenes finales y no tenía tiempo para descansar. La cosa no mejoró cuando me entontré de bruces con mi careto de dormida delante del espejo: mis pelos no estaban enredeados sino que directamente eran una masa uniforme color marrón en la que no se sabía con certeza qué era y mis ojos lucían unas ojeras de última moda con unos cuantos granitos para variar. Vamos, una belleza andante.

Me disponía a empezar mi pequeño ritual de cada mañana en el que tardaba 15 minutos en lavarme los dientes, hacer mis necesidades y ponerme las lentillas cuando sentí que una fuerza superior me empujaba fuera de mi santuario y me cerraba la puerta en todas mis narices. Como no, no opuse resistencia. Total, ¿cómo me voy a atrever a esas horas y en mi estado semiinconsciente a luchar con mi queridísima hermana por el cuarto de baño? Sinceramente, hay que estar loca para enfrentarse a ella. Por eso normalmente me despierto siempre 20 minutos antes que ella, para evitar problemas en los que sé que tengo todas las de perder.

Con un suspiro de resignación giré en redondo y me dirigí hacia el armario para ver si podía encontrar algo en la selva amazónica que era. Abrí las puertas y...

- ¡Ay! Lo que me faltaba ya, otro chichón. Seguro que hoy va a ser uno de los mejores días de mi vida, vamos. - dije levantándome del suelo. Algún día se me tenía que caer la montaña de ropa encima pero elegir ese día era de mala persona. Además para variar me había caido y chocado con toda la gracia del mundo contra la pared. Qué bonita iba a quedar mi cabeza si seguíamos como hasta ahora.

- ¿¡Qué te a pasado!?- me preguntó mi hermana sin abrir la puerta- ¡Espera, ya sé, se ha creado un nuevo espécimen entre tu ropa y cuando has abierto ha saltado a comerte pero, al ver tus pintas, ha huido despavorido!, ¿no?- se oyó una risita amortiguada que provenía del cuarto de baño. No entré porque sino alguien moriría y no puedo especificar quien sería.

Miré un poco toda la ropa, cogí lo que mejor aspecto tenía y me fuí directa hacia el salón. Ya luego me metería en el cuarto de baño porque si no veía dificil que estuviera despejada durante el día. Puse la tele sabiendo ya que la mayoría de las noticias serían sucesos malos. Sí, no me equivoqué: violaciones, secuestros, robos, muertes... Parece que las noticias buenas no interesan a la gente, o que si ya son buenas ya no son noticias o también cabe la posibilidad de que se prefieren las malas porque llaman más la atención.

Uf, no lo soportaba más. Puse el canal de música a ver si escuchaba alguna cancioncilla que me alegrara la mañana.

- Tu hermana ya ha terminado con el cuarto de baño. Más te vale que te des prisa si quieres salir a la hora de siempre- dijo mi madre entrando por la puerta y dándome un beso de buenos días-. ¿Qué quieres hoy en el pan?

- No sé, es que tampoco tengo mucha hambre asi que...

- Que te he dicho de qué quieres el pan, no si quieres o no, cariño. Debes comer, tengas hambre o no, ¿o acaso quieres acabar como las anoréxicas? Porque es lo que parece. Al ritmo que vas cualquiera diría que estás acomplejada de... - no podía creer que ya a esas horas empezara a darme la tabarra con un discurso. Era increible.

- Con lomo, mamá. Gracias- corté y me fui directa a lavarme un poco. No entiendo cómo se pueden sacar esas energías recién despierta una, la verdad.

Cuando pasé por el cuarto de mi hermana, pensé que estaría bien decirle algo. Total, no perdía mucho tiempo.

- No sé para qué tanto tiempo en el baño, sigues igual de fea que siempre, Nadia.- dije con una sonrisa de lo más encantadora.

- Anda y piérdete Ade, que esta vez como tardes mucho no te espero para salir de casa. Sabes que son y media, ¿no?

No podía ser... Dios, me tenía que dar una prisa de mil demonios. Hice todo en un momento y en nada de tiempo ya estaba lista.

Salí sin esperar porque no llegaba. Unos 5 minutos más tarde ya estaba subiendo las escaleras del insti.

Estaba muy harta de la misma rutina de siempre. Quería viajar, conocer gente nueva, ver nuevos lugares. No creo que sea algo tan raro. Bueno, unos 3 añitos más y con un poco de suerte acabaría el instituto. Luego selectividad y seguida a la universidad a estudiar derecho. No creo que pueda soportar tanto tiempo en el mismo lugar de siempre. Necesitaba nuevos aires. Creo que lo único que me mantenía en ese lugar era la esperanza. La esperanza de algo mejor algún día. Tenía el corazón encerrado, oprimido. Necesitaba sentir aquella brisa fresca que libera presta el corazón.

Estaba tan perdida en mi mundo que no me dí cuenta de que por las escaleras estaba bajando un chiquillo de primero de ESO a toda prisa. Entonces, chocamos y empecé a caerme de espaldas. Ya está, la iba a palmar ya que me iba a dar en la nuca... Pero, de pronto, todo se paró al tiempo que escuchaba una voz:

- No querida, todavía no. Te dije que te necesitábamos.- Me sonaba un montón esa voz pero entonces no pude identificar a quien pertenecía.

Segundos después me encontré quieta las mismas escaleras. Miré hacia los lados y busqué con la mirada al chico que se había chocado conmigo. Al no verlo, me disponía a subir cuando vi que se alguien estaba bajando las escaleras precipitadamente. Pero si... ¡pero si era el niño con el que me había topado de bruces antes! Pasó como una bala y se esfumó por los pasillos del 1º piso.

Desde entonces, no me pude concentrar en ninguna de las 6 horas de la mañana ya que no paraba de darle vueltas al suceso e intentando asociar la voz a alguien conocido.

En cuanto llegué a casa, comí y me tumbé en la cama de mi cuarto, pensativa. Quizá si me quedaba dormida dejaría de pensar durante un rato porque ya tenía la sensación de que mi cabeza estaba echando humo. Cerré los ojos y me quedé frita.

Niebla. Mucha, muchísima niebla a mi alrededor. Espesa e impenetrable con la vista. Comencé a andar, tanteando el terreno con mucho cuidado. Como no, me choqué con algo. Después de soltar unas cuantas palabras malsonantes, me paré a tantear lo que había obstruido mi camino. Era un árbol, bastante gordo y rugoso, envejecido por el tiempo y las condiciones climatológicas. Lo acaricié durante un momento, admirando el tacto, que me agrada en gran medida. Lo rodeé, cosa que me costó dado a su gran tamaño e intenté seguir adelante como podía debido a que los árboles abundaban por doquier.

Me dió la impresión de que estuve andando durante mucho tiempo. Esquivar. Tantear. Rodear. Es lo que estuve haciendo. Cada vez que pasaba al lado de un árbol, me paraba y le daba un beso. Me gusta la naturaleza y sentía que aquello árboles estaban faltos de cariño.

De buenas a primeras la niebla empezó a disiparse. Poco a poco, fui vislumbrando con claridad lo que me rodeaba y que me llevaba tiempo ya imaginando: miles de árboles grandes, robustos y preciosos me rodeaban.

- Bienvenida de nuevo, querida - Pegué un bote de mil demonios y retrocedí cuanto pude hacia el árbol más cercano. No sabía de donde venía aquella voz. Parecía que venía de todos los sitios-. Jajaja No te asustes. ¿Sabes? Tendré que dejar de borrarte la memoria porque a este paso te va a dar un ataque al corazón cada vez que te traiga.

- ¿Cómo? Yo... yo estoy algo perdida, ¿sabe usted? No querría ser descortés, pero no me apetece estar aqui. Me dormí con la intención de olvidarme de todo durante un buen rato y aparece usted así, tan de repente a...

- Bueno bueno bueno- me cortó de lleno aquella voz- , no hace falta alterarse de esta manera, no es la primera vez que me oyes y tampoco la primera vez que vienes aqui.

- ¿Aquí?¿ Por qué no especifica más, a ser posible?

- Pues al país de los Sueños Olvidados, como tu misma lo bautizaste.- Ostia, ya lo entendía. Sí, me acordaba perfectamente. Qué tonta había sido. Esa voz había parado el tiempo en las escaleras del insti esta mañana y me había dicho que me necesitaban. Que me necesitaban...

- ¡Oh! Sí si, ya me acuerdo. Usted me ayudó esta mañana y me dijo que me necesitaban. ¿Me podría especificar en qué?

- Todo a su tiempo- no entiendo por qué, a los seres misteriosos como ese les gusta tanto decir eso de "todo a su tiempo". ¿Se darán alguna vez cuenta de lo mucho que exaspera a quien se lo dicen?-. De momento ya has cumplido tu cometido de hoy. Muchas gracias, Adelaila.

- Pe... ¡pero si yo no he hecho nada! Solo he caminado y me he topado con usted. Además, ¿cómo sabe mi nombre? Me desepera, en serio se lo digo.

- Jajaja No seas tan curiosa, no es sano. Solo te diré que ahora nos has ayudado con algo muy simple y que tienes para dar y regalar: la esperanza y el cariño. Con un gesto mínimo, has dado vida a este lugar. Los árboles ya vuelven a abrir sus hojas y empieza a correr savia por su tronco. Los árboles milenarios te dan las gracias.

- Esto es completamente absurdo.- dije haciendo un mohín y cruzando los brazos. Pero, qué bonito era todo aquello. No lo podía negar. Y eso de árboles milenarios sonaba muy bien... Sí, decidido. Llamaría a aquel lugar el Rincón de los Árboles Milenarios.

- Si llamas absurdo a haber hecho una buena obra, sí, es muy absurdo.

Le iba a contestar cuando una neblina empezó a dar vueltas a mi alrededor. Me sonaba esa sensación, este instante que estaba viviendo, pero seguía sin saber de qué.

- Bueno, hasta la próxima vez, Adelaila. Esperamos hacerte volver pronto. Muchas gracias y cuídate. Aunque estaremos cuidándote nosotros. Adiós.

Me quedé toda desconcertada. Cada vez mi vida era más rara. Eso estaba decidido.

Pensado en aquel lugar tan mágico, creo que me quedé dormida.

¡PUM!

No podía ser. Otra vez me había caido de la cama. Y, para variar, ya me empezaba a doler la cabeza. Qué bien, vamos. Vaya día llevaba.

No me levanté, me quedé tendida en el frío suelo, mirando al techo. ¿Qué había soñado? No lo recordaba muy bien. Creo que era algo de árboles, niebla... No, nada. Por mucho que lo intentara, no llegaba a más.

Me llevé la mano a la cabeza por segunda vez en ese día. Qué sorpresa, otro chichón asomaba al lado de los tres o cuatro que ya tenía.

A este paso iba a tener la cabeza irreconocible con tanto chichón por aquí y por allá.

Escuché una risa que provenía de la puerta. Me levanté despacio. Esta vez sí. Tenía energías renovadas. Cogí un cojín y lo tiré sin mirar, con toda mi fuerza. ¡Toma ya! De lleno en todo el careto. Acto seguido se oyó un maldición y un aviso de que me preparara.

Bien, la guerra había comenzado y esta vez, pasara lo que pasara, iba a ganar. Tenía que ganar.

Porque por mi cuerpo sentía una nueva fuerza. Confiaba.

Por primera vez en mucho tiempo, confiaba en mis posibilidades.

Confiaba en mi.

martes, 4 de mayo de 2010

El país de los Sueños Olvidados




Un día soñé con algo que se salía de lo que normalmente soñaba. Ya no eran los mismos paisajes, las mismas historias, los mismos personajes. Aquí se respiraba un halo de magia, de tiempo inamovible, de eternidad, de... de vieja y antigua soledad.

Un sitio precioso, único, agradable a la vista. No tenía una belleza normal, no. Su belleza se regía por el misterio que rodeaba a ese lugar, por el ansia de querer saber más por su historia, por el hecho, simplemente, de preguntarte cómo podía existir un lugar tan inverosímil.

No me pregunten cómo llegué, ni tampoco todo lo que hice. Más que nada porque de todo lo que me acuerdo es gracias al sentimiento de la gran melancolía que se siente cuando algo que en su tiempo fue espléndido pierde su fuerza, su viveza, sus ganas de seguir adelante y queda abandonado, alejado de todo ser.

Quizá pueda relatar algo de lo que allí hice nada más llegar... O, definámoslo, como lo que me acuerdo mejor.

El primer sitio que recuerdo en el que me hallaba era una plaza. Sí. Una plaza con una forma algo rara: era más o menos circular y de los bordes de esta salían como pequeños circulos que supongo que desde el cielo daban aspecto de una flor con los pétalos redondos. En su centro había una fuente. Pero no una corriente, como cabe de imaginar, todo en ese lugar era diferente. La parte baja de la fuente tenía forma de un gran pétalo elaborado de manera que el agua, al caer, no se escapara. El, digamos, tronco tenía forma de espiral y terminaba con la forma de un chorro de agua a presión lanzado hacia arriba pero con las puntas, cuando al agua le tocaría caer, curbadas hacia dentro. Debo decir que toda la fuente estaba hecha de los más exquisitos mármoles, de colores absolutamente magníficos y diversos que daban una tonalidad al agua preciosa, como la del arco iris.

Por desgracia, no cogí a ese lugar en su momento de gloria. De hecho, ya no salía agua de la fuente, estaba todo lleno de polvo. La llamé la plaza de las Flores Marchitas por los colores y lo espléndida que tendría que haber sido.

De este lugar salían diversas calles, rodeadas de edificios magníficos de todo los estilos de todas las épocas por las que ha pasado la humanidad: renacentista, gótico, modernista... Pero yo elegí una calle bastante grande. Suponía que aquella, al haber sido tan grande, en su tiempo hubiera sido la avenida principal.

Espectaliroso magnificiosamente precioso. Esta sería la forma más acertada de definir la avenida por la que me adentré. No os podéis imaginar lo que allí vi. Ese lugar era el bulevar de aquel lugar. Pero no un bulevar cualquiera, no señor. Era la calle por excelencia de las golosinas. Todas... pero todas la chucherías, gominolas, dulces que tu mente pudiera imaginar multriplicado por tres. Una inmensa avenida muy ancha y demasiada larga en la que no había un solo trozo de la pared de los edificios que no tuviera mínimo dos tiendas. Además, eran muy peculiares. Estaban construidas a unos tres metros del suelo y se accedía a ellas mediante unas escaleras de caracol con las barandillas más preciosas que has visto. Valía la pena parase delante de las tiendas simplemente por admirar la forma de estas escaleras. Cuando se subían no había ningún tipo de descansillo, sino que directamente se pasaba a la tienda. Horas te podías tirar intentando saber qué ibas a comprar. Y es que había de todo: tartas, pasteles, cosas sueltas, chicles kilométricos, pasteles que hacían que tuvieras hambre con solo mirarlos... No te podías ir sin comprar nada. Desgraciadamente y por una inexplicable razón, en cada tienda que entraba no había nadie y, además, no podía tocar la la comida. Había como un campo magnético que repelía mi mano de una forma inverosímil.

Por eso bauticé a este lugar como la avenida de las Delicias Intocables.


Me costó mucho abandonar este sitio y, aparte, atravesarlo dado su gran extensión pero, cuando al fin lo conseguí vi que desembocaba en un lugar que abarcaba un gran terreno. He de decir que este sitio me espantó. A simple vista se creía que se veían unos fantásticos jardines. Las figuras hechas eran las de animales. Todos los animales que existen y muchos más que nunca has vislumbrado estaban ahí, representados, detalle a detalle. Fíjate que si se habían esmerado en hacerlo todo perfecto que hasta los habían pintado de sus respectivos colores. Pero yo sentía que algo no encajaba.

Iba andando entre estas maravillosas figuras, pensando qué manos habían podido ejecutar unas obras de tan gran maestría cuando, de improvisto, me vino una ráfaga de viento con un gran tufo a cosas podridas. Exactamente, a carne podrida. Avancé y avancé en la dirección en la que venía el viento y el pestilente olor, con una gran curiosidad y a la vez con una inquietud ante lo que me podía aguardar.
Sin habla. Me quedé sin habla. No podía creerlo después de haber visto en aquel lugar tan maravilloso cosas tan dignas de admirar encontrarme de bruces con aquella imagen... De un gran árbol estaban colgados de sus inmesas y numerosas ramas bolsas. Bolsas con... con corazones, higados e intestinos dentro, bamboleándose al compás de la triste música que el viento se encargaba de coordinar.

En el momento de contemplar esto, me dí cuenta de todo y lo encajé: aquellas figuras que con tanto interés y admiración había estado mirando minutos antes eran animales de verdad. Pero estaban disecados. Vamos, que no eran plantas, como yo creía, y esas bolsas contenían sus órganos. Al llegar a este punto no sé qué me pasó. Quizá me desmayara, no sé, pero lo cierto es que cuando me desperté no me hallaba en este lugar tan terrorifico sino en un lugar distinto. No sé si el jardin y ese gran árbol fueron un espejismo que mi mente tejió con primor.


Llamé a este sitio el Jardín de los Animales Dormidos. Lo de "dormidos" era por darle un nombre más... menos fuerte.


Cuando me desperté me hallé tirada en medio de una lugar en el que era de noche. No había nada a mi alrededor a excepción de una gran fábrica que se alzaba ante mis ojos. No echaba grandes cantidades de humo, como cabría de imaginar. Simplemente estaba como... como todo en ese lugar: muerto, olvidado.
Era totalmente gris, tosco y frío a la vista. Aún así, me atraía como si una fuerza me dijera que fuera.

Me aventuré a recorrer la gran distancia que me separaba de aquel edificio tan siniestro lentamente, mirando a todos lados. Ya no me fiaba de nada de lo que me rodeaba. Al fin alcancé el gran portón de hierro que tenía la fábrica pero por más que empujaba no se movía ni un ápice. Lo intenté de todas las maneras posibles, pero no funcionaba nada. Ya sin esperanzas me senté con la espalda apoyada en el portón y me puse a pensar en la manera de abrirlo de una forma inteligente. Barajé la posibilidad de que se tuviera que apretar algún sitio de la pared para que se activara un mecanismo, pero lo deseché enseguida. Demasiado fantástico en mi opinión. Cansada ya, por casualidad, tomé suerte haciendo lo que tantas veces hago:
- Por favor, escúchame, estés donde estés, y ayúdame a abrir este gran portón. Lo deseo con...
Me interrumpí. Se estaba escuchando un chirrido, como de puertas abriéndose. Entonces me di la vuelta y lo vi: el portón estaba cediendo ante mi petición. Cualquier persona razonable no hubiera entrado pero, total, estas cosas solo pasan una sola vez en la vida, hay que aprovecharlas, ¿no?

La fábrica era, en verdad, una construcción muy simple. Había una sola habitación que abarcaba toda la planta del edificio, en cuyo centro de hallaba una gran máquina. Muy rara, para variar. Alrededor de esta había miles y miles de pequeñas cajas amontonadas en pilas que llegaban hasta el tan altísimo techo. Se dividían en dos colores: amarillo y verde.

Me acerqué a una de las pilas de cajas de menor altura (mediría unos dos metros y medio aproximadamente) y, con mucho cuidado, saqué una cajita amarilla. En ella ponía un nombre: Estefany. Me pregunté qué significaría y, acto seguido, fui a abrirla. No, no cedía. Estaba como pegada. Y tampoco se rompía. Era un material muy duro. Entonces me giré, con la intención de irme de ese lugar.

Se me cayó la caja de las manos y sonó con un sonido hueco. Me quedé en el sitio, sin moverme, con la respiración entrecortada y acelerada. Encima del gran portón que había cruzado antes había figuras. Muchas figuras. Miles y miles colgadas de una cuerda que les rodeaba el cuello a cada uno independientemente. Eran humanos, personas de carne y hueso. Estaban muertos, pero no podridos.

Grité. Grité con todas mis fuerzas. Cogí la caja del suelo y corrí hacia el portón, que estaba abierto de par en par, buscando salir de aquel lugar. El peor lugar que había visitado. Pero, de improvisto, las puertas se cerraron en toda mi cara y me quedé atrapada. Las luces se empezaron a encender y quedé deslumbrada por un momento. Cuando por fin conseguí ver algo vislumbré a una de las figuras que venía hacia mi, que se había soltado de la soga con la que estaba atada. Yo estaba aterrorizada. No me podía mover. Se acercaba más y más. Yo estaba temblando entera. Era una mujer. O, mejor dicho, una joven. Se me acercaba con los brazos extendidos, como queriendo coger la cajita que yo llevaba en mis manos. La apreté de forma estúpida contra mi, intentando "salvarla".

Cuando se hallaba a menos de un metro y medio se escuchó una potente voz. Una voz grave y autoritaria:
- Estefany, quieta.

La figura se paró de inmediato. Miré precipitada a todos lados, intentando descubrir de dónde venía aquella voz salvadora, pero no hallé a nadie. La volví ha oir, está vez con tono suave:
- No me busques, no me puedes ver. Pero tranquila, no te haré daño.

- ¿Quién eres? ¿Qué era esa cosa? ¿Qué quería de mi? ¿Qué es este sitio tan...? - empezé a preguntar.

- No te apresures. Todo a su tiempo... Bueno, respondiéndote a tu primera pregunta te responderé a la vez a unas cuantas que no me has formulado. Soy el antiguo alcalde de estas tierras. De este gran país, el país de los Deseos. Respecto a Estefany, te lo has buscado tú, has cogido su caja, le pertenece, es normal que te la quite. - acto seguido se escuchó una gran carcajada.

Muy desconcertada, dejé la caja en el suelo y me aparté, por si la joven se quería apoderar de ella. Al ver que no se acercaba, me extrañé.

- Si esperas a que vaya a por la cajita - dijo la voz del alcalde- te puedes quedar esperando. No la puede tocar.

- ¿Por qué no? Si es suya...- Yo no entendía nada.

- Porque ella misma se lo ha buscado. Fue codiciosa ya hace innumerables siglos y eso le pagó una gran factura, como a los que colgados todavía ves.

- ¿Qué...? Buen señor, ¿me podría contar un poco sobre este tema?

- Claro querida, pero debo ser breve, no me queda mucho tiempo. Hace mucho tiempo, este lugar esra el sitio más rico que existía. Lleno de todas las cosas que podías desear. De ahí su nombre. En el momento en el que el país estaba en su máximo esplendor montamos esta fábrica ya que habíamos conseguido convertir los deseos en realidad. Pero solo el que desees con más fuerza. Lo que nosotros llamábamos el Deseo Puro. Al construirse este edificio, se propagó la noticia y todas las personas del territorio vinieron hasta aqui. Pero nosotros estábamos decididos a dejar pasar a los cien primeros nada más. Esta noticia causó una gran conmoción y se produjo un gran revuelo. Todos se empezaron a pelear por ser unos de esos cien afortunados, y se produjo una carnicería. Los que estábamos al mando de todo quisimos evitar esta matanza y la única forma existente era encerrar en una caja el Deseo Puro de cada persona y conservar el cuerpo del dueño. Esto acabaría con el reino, pero era eso, o que todos murieran. Y así lo hicimos. Pero algo falló en los cálculos y a mis compañeros les pasó igual que a los ciudadanos. Solo "sobreviví" yo, y mira de qué manera. Mi misión es vigilar de lo que queda de nuestro mundo, a la espera de un milagro. A la espera de que alguien arregle la gran avaricia que se ocasionó en este lugar.

Me quedé impresionada. Era una historia verdaderamente curiosa y muy triste. Pero, ¿yo qué podía hacer?

- Y... ¿puedo ayudaros en algo?- pregunté con una esperanza de que dijera que no.

- Mmm... Ahora no, cariño - dijo el buen hombre-. Pero dentro de un tiempo quizá sí. Ya volverás, tranquila. Es que te necesitamos.

- Pe... pero yo no sé qué hacer. No sé prácticamente nada, yo no valgo para esto, yo...- empecé a decir.

- He dicho que ya nos veremos. En su momento sabrás qué hacer. Buen viaje y cuidate pequeña. Acuérdate: te necesitamos.

No me dió tiempo de decir palabra ya que me vi rodeada de pronto en una gran espiral de colores que giraba a mi alrededor. Me dió tiempo de ponerme a pensar sobre todo lo que había vivido en ese lugar tan misterioso y llegué a la siguiente conlusión: todos los sitios que había visitados tenían un significado escondido.

La plaza de las Flores Marchitas representaba las ganas del ser humano de coger el arco iris con las manos. Se refiere a las especiales ganas que se tienen de querer conseguir las cosas que no están a nuetsro alcance.

La avenida de las Delicias Intocables se refería a las tentaciones humanas. Las tentaciones más inalcanzables y deseables.

Y, finalmente, el Jardín de los Animales Dormidos representaba el conflicto por el que todo ese país estaba abandonado: la codicia por ser superior a los otros seres. Las ansias de más y más poder.

Además, bauticé al país con otro nombre: el país de los Sueños Olvidados. Lo llamé así porque, en mi humilde opinión, los habitantes que allí vivían se habían olvidado de lo realmente importante: soñar con sus deseos verdaderos y hacerlos realidad sin ningún tipo de trampa.

Temí las palabras que pronunció aquella voz: "... ya nos veremos". No quería volver. O no esperaba ese regreso con muchas ansias.

Quizá volvería. O quizá todo fuera un error... Quizá todo fuera un sueño...

Quizá...

domingo, 2 de mayo de 2010

Sonrisa de cristal

Todo lo arreglas así, mi amor. Todo. Me miras y con solo ver esa sonrisa de siempre, me has vuelto a ganar. Otra vez...

Esa sonrisa tuya, sí. Esa. Esa sonrisa, que es para mi lo que para un drogadicto su droga. Me inspira una tranquilidad insospechada, unas ganas de volver a verla, una sensación de no poder vivir sin ella, unas ganas de volver a sentir que es mia.

Pero como todo lo bueno, tienes algo malo. Sí, hasta tu lo tienes. Haces que te perdona las mil y una cosas malas que me has hecho, que lo olvide todo, como si una suave y delicada ráfaga de viento se las llevara. Si tú cambiaras después de que yo olvidara sería precioso. Pero no. Sigues con la misma postura con la que te conocí. Porque sabes que con tu sonrisa de cristal, inamovible, fría, cruel, me tienes de nuevo, como la primera vez.

Debería apartarme de ti. De tus malas manías. De tus malas palabras. De tus desprecios. Pero todo mi pensamiento cambia cuando caigo, una y otra vez, en la misma y desgraciada realidad: que te amo, te amo como no he amado a nadie.

Porque, al fin y al cabo, solo deseo despertar para volver a ver tu sonrisa de cristal.

miércoles, 28 de abril de 2010

(?)

¿Qué hace la gente para ser feliz?¿Qué hacen para sentirse bien con ellos mismos? Es que no soy feliz, no me siento bien con la vida que actualmente llevo. Por favor, a esas personas que son felices, les pìdo que me den su receta, su poción mágica para conseguir mi tan ansiada felicidad.

Es que me he dado cuenta que a lo que anteriormente llamaba "felicidad" era una simple ilusión, un mero engaño de mi mente para que fuera feliz temporalmente.

Es tan duro ver que un día estás ne un pedestal y, que al otro, tirada en el suelo, llena de barro y mierda preguntándote cómo has llegado hasta ahí cuando ni siquiera has hecho nada malo, solo ser tu misma. Y, claro, ahora la cosa sería decir: pero es que si no les gustas con tu fomra de ser, pues vete. Pero no, amigo, no es tan fácil. De lo dicho a lo hecho hay un gran paso y muchos se quedan en ese proceso, en medio, atascados sin saber qué hacer o qué camino tomar a continuación.

Me defino como alguien sensible, influenciable y sin la maldad de la que algunos presumen. También, desgraciadamente, soy dependiente de las personas. Dependiente de las personas que me rodean. Bueno, y todos dirán: yo también, no te digo. Pero no. Es que, simplemente, mi vida existe gracias a que hay alguien a mi lado en mi día a día.

Y, ¿sabéis cuánto duele... CUANTO DUELE VER QUE TODO LO QUE CREIAS SÓLIDO EN TU VIDA SE VA DESMORONANDO EN TODA TU MALDITA CARA Y VIENDO QUE AL FIN Y AL CABO NO VALIA LA PENA NADA DE LO QUE EN TANTO HABIAS INVERTIDO?

Piénsenlo... No lo lean por leer. Vivan las palabras, el sentimiento de desamparo, impotencia y desolación que hay impregnadas en ellas. Vean el sentido, no es ninguna tontería.

Ese vacío, ese sentimiento de que algo se te ha sido arrebatado por la fuerza hace que se me salten las lágrimas. Sé que no estoy sola, pero en mi día a día necesito a esas personas que me hacen sentir que soy parte de sus vidas y que me quieren tanto como para querer que no me separe de ellas, exceptuando a mi familia. Pero están lejos. Maldita distancia que tantos corazones has roto.

Vivo en un mundo tan hipócrita. Un mundo que se apuñala a sí mismo, un mundo que dice mucho y hace poco, un mundo lleno de malas intenciones y pocos buenos pensamientos, un mundo carente de la sensibilidad para entender las cosas que tantas personas necesitan, un mundo al que le da igual lo que ocurra al menos que suceda en su círculo.

Solo decir que, si no lo han adivinado todavía, mi punto más débil ahora mismo, el que más daño me hace, es la soledad. Sí, sentir que la soledad agarra tu corazón y lo oprime de tal manera que sientes que ya no podrás salir adelante como no te rescaten. Estaría bonito dar más detalles, pero no lo voy a hacer.

Espero que por un momento hayan sentido la desesperación que siento y que oculto con tanto fervor. U ocultaba.