lunes, 24 de mayo de 2010

El Rincón de los Árboles Milenarios




¡PUM!

- ¡Uf! Otra vez no... - dije medio dolorida.

Era la tercera vez que me pasaba esto. Ya era la tercera vez que me caía de la cama y siempre me pasaba cuando soñaba con...
Me toqué la cabeza por detrás y encontré lo que buscaba: el tercer chichón que mi cabeza había conseguido en muy poco tiempo. Bueno, esas eran las desventajas de vivir en una litera: que si te caes, la caida dolorosa está más que asegurada.

Me levanté con paso vacilante. No miré el móvil para saber la hora que era. Total, ya me había acostumbrado a que en las dos veces anteriores que había soñado con ese sueño no me levantaba tarde. Me dirigí al cuarto de baño, como todas las mañanas. Me sentía muy cansada ultimamente por los exámenes finales y no tenía tiempo para descansar. La cosa no mejoró cuando me entontré de bruces con mi careto de dormida delante del espejo: mis pelos no estaban enredeados sino que directamente eran una masa uniforme color marrón en la que no se sabía con certeza qué era y mis ojos lucían unas ojeras de última moda con unos cuantos granitos para variar. Vamos, una belleza andante.

Me disponía a empezar mi pequeño ritual de cada mañana en el que tardaba 15 minutos en lavarme los dientes, hacer mis necesidades y ponerme las lentillas cuando sentí que una fuerza superior me empujaba fuera de mi santuario y me cerraba la puerta en todas mis narices. Como no, no opuse resistencia. Total, ¿cómo me voy a atrever a esas horas y en mi estado semiinconsciente a luchar con mi queridísima hermana por el cuarto de baño? Sinceramente, hay que estar loca para enfrentarse a ella. Por eso normalmente me despierto siempre 20 minutos antes que ella, para evitar problemas en los que sé que tengo todas las de perder.

Con un suspiro de resignación giré en redondo y me dirigí hacia el armario para ver si podía encontrar algo en la selva amazónica que era. Abrí las puertas y...

- ¡Ay! Lo que me faltaba ya, otro chichón. Seguro que hoy va a ser uno de los mejores días de mi vida, vamos. - dije levantándome del suelo. Algún día se me tenía que caer la montaña de ropa encima pero elegir ese día era de mala persona. Además para variar me había caido y chocado con toda la gracia del mundo contra la pared. Qué bonita iba a quedar mi cabeza si seguíamos como hasta ahora.

- ¿¡Qué te a pasado!?- me preguntó mi hermana sin abrir la puerta- ¡Espera, ya sé, se ha creado un nuevo espécimen entre tu ropa y cuando has abierto ha saltado a comerte pero, al ver tus pintas, ha huido despavorido!, ¿no?- se oyó una risita amortiguada que provenía del cuarto de baño. No entré porque sino alguien moriría y no puedo especificar quien sería.

Miré un poco toda la ropa, cogí lo que mejor aspecto tenía y me fuí directa hacia el salón. Ya luego me metería en el cuarto de baño porque si no veía dificil que estuviera despejada durante el día. Puse la tele sabiendo ya que la mayoría de las noticias serían sucesos malos. Sí, no me equivoqué: violaciones, secuestros, robos, muertes... Parece que las noticias buenas no interesan a la gente, o que si ya son buenas ya no son noticias o también cabe la posibilidad de que se prefieren las malas porque llaman más la atención.

Uf, no lo soportaba más. Puse el canal de música a ver si escuchaba alguna cancioncilla que me alegrara la mañana.

- Tu hermana ya ha terminado con el cuarto de baño. Más te vale que te des prisa si quieres salir a la hora de siempre- dijo mi madre entrando por la puerta y dándome un beso de buenos días-. ¿Qué quieres hoy en el pan?

- No sé, es que tampoco tengo mucha hambre asi que...

- Que te he dicho de qué quieres el pan, no si quieres o no, cariño. Debes comer, tengas hambre o no, ¿o acaso quieres acabar como las anoréxicas? Porque es lo que parece. Al ritmo que vas cualquiera diría que estás acomplejada de... - no podía creer que ya a esas horas empezara a darme la tabarra con un discurso. Era increible.

- Con lomo, mamá. Gracias- corté y me fui directa a lavarme un poco. No entiendo cómo se pueden sacar esas energías recién despierta una, la verdad.

Cuando pasé por el cuarto de mi hermana, pensé que estaría bien decirle algo. Total, no perdía mucho tiempo.

- No sé para qué tanto tiempo en el baño, sigues igual de fea que siempre, Nadia.- dije con una sonrisa de lo más encantadora.

- Anda y piérdete Ade, que esta vez como tardes mucho no te espero para salir de casa. Sabes que son y media, ¿no?

No podía ser... Dios, me tenía que dar una prisa de mil demonios. Hice todo en un momento y en nada de tiempo ya estaba lista.

Salí sin esperar porque no llegaba. Unos 5 minutos más tarde ya estaba subiendo las escaleras del insti.

Estaba muy harta de la misma rutina de siempre. Quería viajar, conocer gente nueva, ver nuevos lugares. No creo que sea algo tan raro. Bueno, unos 3 añitos más y con un poco de suerte acabaría el instituto. Luego selectividad y seguida a la universidad a estudiar derecho. No creo que pueda soportar tanto tiempo en el mismo lugar de siempre. Necesitaba nuevos aires. Creo que lo único que me mantenía en ese lugar era la esperanza. La esperanza de algo mejor algún día. Tenía el corazón encerrado, oprimido. Necesitaba sentir aquella brisa fresca que libera presta el corazón.

Estaba tan perdida en mi mundo que no me dí cuenta de que por las escaleras estaba bajando un chiquillo de primero de ESO a toda prisa. Entonces, chocamos y empecé a caerme de espaldas. Ya está, la iba a palmar ya que me iba a dar en la nuca... Pero, de pronto, todo se paró al tiempo que escuchaba una voz:

- No querida, todavía no. Te dije que te necesitábamos.- Me sonaba un montón esa voz pero entonces no pude identificar a quien pertenecía.

Segundos después me encontré quieta las mismas escaleras. Miré hacia los lados y busqué con la mirada al chico que se había chocado conmigo. Al no verlo, me disponía a subir cuando vi que se alguien estaba bajando las escaleras precipitadamente. Pero si... ¡pero si era el niño con el que me había topado de bruces antes! Pasó como una bala y se esfumó por los pasillos del 1º piso.

Desde entonces, no me pude concentrar en ninguna de las 6 horas de la mañana ya que no paraba de darle vueltas al suceso e intentando asociar la voz a alguien conocido.

En cuanto llegué a casa, comí y me tumbé en la cama de mi cuarto, pensativa. Quizá si me quedaba dormida dejaría de pensar durante un rato porque ya tenía la sensación de que mi cabeza estaba echando humo. Cerré los ojos y me quedé frita.

Niebla. Mucha, muchísima niebla a mi alrededor. Espesa e impenetrable con la vista. Comencé a andar, tanteando el terreno con mucho cuidado. Como no, me choqué con algo. Después de soltar unas cuantas palabras malsonantes, me paré a tantear lo que había obstruido mi camino. Era un árbol, bastante gordo y rugoso, envejecido por el tiempo y las condiciones climatológicas. Lo acaricié durante un momento, admirando el tacto, que me agrada en gran medida. Lo rodeé, cosa que me costó dado a su gran tamaño e intenté seguir adelante como podía debido a que los árboles abundaban por doquier.

Me dió la impresión de que estuve andando durante mucho tiempo. Esquivar. Tantear. Rodear. Es lo que estuve haciendo. Cada vez que pasaba al lado de un árbol, me paraba y le daba un beso. Me gusta la naturaleza y sentía que aquello árboles estaban faltos de cariño.

De buenas a primeras la niebla empezó a disiparse. Poco a poco, fui vislumbrando con claridad lo que me rodeaba y que me llevaba tiempo ya imaginando: miles de árboles grandes, robustos y preciosos me rodeaban.

- Bienvenida de nuevo, querida - Pegué un bote de mil demonios y retrocedí cuanto pude hacia el árbol más cercano. No sabía de donde venía aquella voz. Parecía que venía de todos los sitios-. Jajaja No te asustes. ¿Sabes? Tendré que dejar de borrarte la memoria porque a este paso te va a dar un ataque al corazón cada vez que te traiga.

- ¿Cómo? Yo... yo estoy algo perdida, ¿sabe usted? No querría ser descortés, pero no me apetece estar aqui. Me dormí con la intención de olvidarme de todo durante un buen rato y aparece usted así, tan de repente a...

- Bueno bueno bueno- me cortó de lleno aquella voz- , no hace falta alterarse de esta manera, no es la primera vez que me oyes y tampoco la primera vez que vienes aqui.

- ¿Aquí?¿ Por qué no especifica más, a ser posible?

- Pues al país de los Sueños Olvidados, como tu misma lo bautizaste.- Ostia, ya lo entendía. Sí, me acordaba perfectamente. Qué tonta había sido. Esa voz había parado el tiempo en las escaleras del insti esta mañana y me había dicho que me necesitaban. Que me necesitaban...

- ¡Oh! Sí si, ya me acuerdo. Usted me ayudó esta mañana y me dijo que me necesitaban. ¿Me podría especificar en qué?

- Todo a su tiempo- no entiendo por qué, a los seres misteriosos como ese les gusta tanto decir eso de "todo a su tiempo". ¿Se darán alguna vez cuenta de lo mucho que exaspera a quien se lo dicen?-. De momento ya has cumplido tu cometido de hoy. Muchas gracias, Adelaila.

- Pe... ¡pero si yo no he hecho nada! Solo he caminado y me he topado con usted. Además, ¿cómo sabe mi nombre? Me desepera, en serio se lo digo.

- Jajaja No seas tan curiosa, no es sano. Solo te diré que ahora nos has ayudado con algo muy simple y que tienes para dar y regalar: la esperanza y el cariño. Con un gesto mínimo, has dado vida a este lugar. Los árboles ya vuelven a abrir sus hojas y empieza a correr savia por su tronco. Los árboles milenarios te dan las gracias.

- Esto es completamente absurdo.- dije haciendo un mohín y cruzando los brazos. Pero, qué bonito era todo aquello. No lo podía negar. Y eso de árboles milenarios sonaba muy bien... Sí, decidido. Llamaría a aquel lugar el Rincón de los Árboles Milenarios.

- Si llamas absurdo a haber hecho una buena obra, sí, es muy absurdo.

Le iba a contestar cuando una neblina empezó a dar vueltas a mi alrededor. Me sonaba esa sensación, este instante que estaba viviendo, pero seguía sin saber de qué.

- Bueno, hasta la próxima vez, Adelaila. Esperamos hacerte volver pronto. Muchas gracias y cuídate. Aunque estaremos cuidándote nosotros. Adiós.

Me quedé toda desconcertada. Cada vez mi vida era más rara. Eso estaba decidido.

Pensado en aquel lugar tan mágico, creo que me quedé dormida.

¡PUM!

No podía ser. Otra vez me había caido de la cama. Y, para variar, ya me empezaba a doler la cabeza. Qué bien, vamos. Vaya día llevaba.

No me levanté, me quedé tendida en el frío suelo, mirando al techo. ¿Qué había soñado? No lo recordaba muy bien. Creo que era algo de árboles, niebla... No, nada. Por mucho que lo intentara, no llegaba a más.

Me llevé la mano a la cabeza por segunda vez en ese día. Qué sorpresa, otro chichón asomaba al lado de los tres o cuatro que ya tenía.

A este paso iba a tener la cabeza irreconocible con tanto chichón por aquí y por allá.

Escuché una risa que provenía de la puerta. Me levanté despacio. Esta vez sí. Tenía energías renovadas. Cogí un cojín y lo tiré sin mirar, con toda mi fuerza. ¡Toma ya! De lleno en todo el careto. Acto seguido se oyó un maldición y un aviso de que me preparara.

Bien, la guerra había comenzado y esta vez, pasara lo que pasara, iba a ganar. Tenía que ganar.

Porque por mi cuerpo sentía una nueva fuerza. Confiaba.

Por primera vez en mucho tiempo, confiaba en mis posibilidades.

Confiaba en mi.

1 comentario:

  1. Pinta bien. No hagas como yo, y sigue escribiendo esta historia de letras verdes :)(oye, oye, no me malinterpretes, que sigo escribiendo, solo que menos xD)

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Bichitos expresándose :)