lunes, 24 de mayo de 2010

El Rincón de los Árboles Milenarios




¡PUM!

- ¡Uf! Otra vez no... - dije medio dolorida.

Era la tercera vez que me pasaba esto. Ya era la tercera vez que me caía de la cama y siempre me pasaba cuando soñaba con...
Me toqué la cabeza por detrás y encontré lo que buscaba: el tercer chichón que mi cabeza había conseguido en muy poco tiempo. Bueno, esas eran las desventajas de vivir en una litera: que si te caes, la caida dolorosa está más que asegurada.

Me levanté con paso vacilante. No miré el móvil para saber la hora que era. Total, ya me había acostumbrado a que en las dos veces anteriores que había soñado con ese sueño no me levantaba tarde. Me dirigí al cuarto de baño, como todas las mañanas. Me sentía muy cansada ultimamente por los exámenes finales y no tenía tiempo para descansar. La cosa no mejoró cuando me entontré de bruces con mi careto de dormida delante del espejo: mis pelos no estaban enredeados sino que directamente eran una masa uniforme color marrón en la que no se sabía con certeza qué era y mis ojos lucían unas ojeras de última moda con unos cuantos granitos para variar. Vamos, una belleza andante.

Me disponía a empezar mi pequeño ritual de cada mañana en el que tardaba 15 minutos en lavarme los dientes, hacer mis necesidades y ponerme las lentillas cuando sentí que una fuerza superior me empujaba fuera de mi santuario y me cerraba la puerta en todas mis narices. Como no, no opuse resistencia. Total, ¿cómo me voy a atrever a esas horas y en mi estado semiinconsciente a luchar con mi queridísima hermana por el cuarto de baño? Sinceramente, hay que estar loca para enfrentarse a ella. Por eso normalmente me despierto siempre 20 minutos antes que ella, para evitar problemas en los que sé que tengo todas las de perder.

Con un suspiro de resignación giré en redondo y me dirigí hacia el armario para ver si podía encontrar algo en la selva amazónica que era. Abrí las puertas y...

- ¡Ay! Lo que me faltaba ya, otro chichón. Seguro que hoy va a ser uno de los mejores días de mi vida, vamos. - dije levantándome del suelo. Algún día se me tenía que caer la montaña de ropa encima pero elegir ese día era de mala persona. Además para variar me había caido y chocado con toda la gracia del mundo contra la pared. Qué bonita iba a quedar mi cabeza si seguíamos como hasta ahora.

- ¿¡Qué te a pasado!?- me preguntó mi hermana sin abrir la puerta- ¡Espera, ya sé, se ha creado un nuevo espécimen entre tu ropa y cuando has abierto ha saltado a comerte pero, al ver tus pintas, ha huido despavorido!, ¿no?- se oyó una risita amortiguada que provenía del cuarto de baño. No entré porque sino alguien moriría y no puedo especificar quien sería.

Miré un poco toda la ropa, cogí lo que mejor aspecto tenía y me fuí directa hacia el salón. Ya luego me metería en el cuarto de baño porque si no veía dificil que estuviera despejada durante el día. Puse la tele sabiendo ya que la mayoría de las noticias serían sucesos malos. Sí, no me equivoqué: violaciones, secuestros, robos, muertes... Parece que las noticias buenas no interesan a la gente, o que si ya son buenas ya no son noticias o también cabe la posibilidad de que se prefieren las malas porque llaman más la atención.

Uf, no lo soportaba más. Puse el canal de música a ver si escuchaba alguna cancioncilla que me alegrara la mañana.

- Tu hermana ya ha terminado con el cuarto de baño. Más te vale que te des prisa si quieres salir a la hora de siempre- dijo mi madre entrando por la puerta y dándome un beso de buenos días-. ¿Qué quieres hoy en el pan?

- No sé, es que tampoco tengo mucha hambre asi que...

- Que te he dicho de qué quieres el pan, no si quieres o no, cariño. Debes comer, tengas hambre o no, ¿o acaso quieres acabar como las anoréxicas? Porque es lo que parece. Al ritmo que vas cualquiera diría que estás acomplejada de... - no podía creer que ya a esas horas empezara a darme la tabarra con un discurso. Era increible.

- Con lomo, mamá. Gracias- corté y me fui directa a lavarme un poco. No entiendo cómo se pueden sacar esas energías recién despierta una, la verdad.

Cuando pasé por el cuarto de mi hermana, pensé que estaría bien decirle algo. Total, no perdía mucho tiempo.

- No sé para qué tanto tiempo en el baño, sigues igual de fea que siempre, Nadia.- dije con una sonrisa de lo más encantadora.

- Anda y piérdete Ade, que esta vez como tardes mucho no te espero para salir de casa. Sabes que son y media, ¿no?

No podía ser... Dios, me tenía que dar una prisa de mil demonios. Hice todo en un momento y en nada de tiempo ya estaba lista.

Salí sin esperar porque no llegaba. Unos 5 minutos más tarde ya estaba subiendo las escaleras del insti.

Estaba muy harta de la misma rutina de siempre. Quería viajar, conocer gente nueva, ver nuevos lugares. No creo que sea algo tan raro. Bueno, unos 3 añitos más y con un poco de suerte acabaría el instituto. Luego selectividad y seguida a la universidad a estudiar derecho. No creo que pueda soportar tanto tiempo en el mismo lugar de siempre. Necesitaba nuevos aires. Creo que lo único que me mantenía en ese lugar era la esperanza. La esperanza de algo mejor algún día. Tenía el corazón encerrado, oprimido. Necesitaba sentir aquella brisa fresca que libera presta el corazón.

Estaba tan perdida en mi mundo que no me dí cuenta de que por las escaleras estaba bajando un chiquillo de primero de ESO a toda prisa. Entonces, chocamos y empecé a caerme de espaldas. Ya está, la iba a palmar ya que me iba a dar en la nuca... Pero, de pronto, todo se paró al tiempo que escuchaba una voz:

- No querida, todavía no. Te dije que te necesitábamos.- Me sonaba un montón esa voz pero entonces no pude identificar a quien pertenecía.

Segundos después me encontré quieta las mismas escaleras. Miré hacia los lados y busqué con la mirada al chico que se había chocado conmigo. Al no verlo, me disponía a subir cuando vi que se alguien estaba bajando las escaleras precipitadamente. Pero si... ¡pero si era el niño con el que me había topado de bruces antes! Pasó como una bala y se esfumó por los pasillos del 1º piso.

Desde entonces, no me pude concentrar en ninguna de las 6 horas de la mañana ya que no paraba de darle vueltas al suceso e intentando asociar la voz a alguien conocido.

En cuanto llegué a casa, comí y me tumbé en la cama de mi cuarto, pensativa. Quizá si me quedaba dormida dejaría de pensar durante un rato porque ya tenía la sensación de que mi cabeza estaba echando humo. Cerré los ojos y me quedé frita.

Niebla. Mucha, muchísima niebla a mi alrededor. Espesa e impenetrable con la vista. Comencé a andar, tanteando el terreno con mucho cuidado. Como no, me choqué con algo. Después de soltar unas cuantas palabras malsonantes, me paré a tantear lo que había obstruido mi camino. Era un árbol, bastante gordo y rugoso, envejecido por el tiempo y las condiciones climatológicas. Lo acaricié durante un momento, admirando el tacto, que me agrada en gran medida. Lo rodeé, cosa que me costó dado a su gran tamaño e intenté seguir adelante como podía debido a que los árboles abundaban por doquier.

Me dió la impresión de que estuve andando durante mucho tiempo. Esquivar. Tantear. Rodear. Es lo que estuve haciendo. Cada vez que pasaba al lado de un árbol, me paraba y le daba un beso. Me gusta la naturaleza y sentía que aquello árboles estaban faltos de cariño.

De buenas a primeras la niebla empezó a disiparse. Poco a poco, fui vislumbrando con claridad lo que me rodeaba y que me llevaba tiempo ya imaginando: miles de árboles grandes, robustos y preciosos me rodeaban.

- Bienvenida de nuevo, querida - Pegué un bote de mil demonios y retrocedí cuanto pude hacia el árbol más cercano. No sabía de donde venía aquella voz. Parecía que venía de todos los sitios-. Jajaja No te asustes. ¿Sabes? Tendré que dejar de borrarte la memoria porque a este paso te va a dar un ataque al corazón cada vez que te traiga.

- ¿Cómo? Yo... yo estoy algo perdida, ¿sabe usted? No querría ser descortés, pero no me apetece estar aqui. Me dormí con la intención de olvidarme de todo durante un buen rato y aparece usted así, tan de repente a...

- Bueno bueno bueno- me cortó de lleno aquella voz- , no hace falta alterarse de esta manera, no es la primera vez que me oyes y tampoco la primera vez que vienes aqui.

- ¿Aquí?¿ Por qué no especifica más, a ser posible?

- Pues al país de los Sueños Olvidados, como tu misma lo bautizaste.- Ostia, ya lo entendía. Sí, me acordaba perfectamente. Qué tonta había sido. Esa voz había parado el tiempo en las escaleras del insti esta mañana y me había dicho que me necesitaban. Que me necesitaban...

- ¡Oh! Sí si, ya me acuerdo. Usted me ayudó esta mañana y me dijo que me necesitaban. ¿Me podría especificar en qué?

- Todo a su tiempo- no entiendo por qué, a los seres misteriosos como ese les gusta tanto decir eso de "todo a su tiempo". ¿Se darán alguna vez cuenta de lo mucho que exaspera a quien se lo dicen?-. De momento ya has cumplido tu cometido de hoy. Muchas gracias, Adelaila.

- Pe... ¡pero si yo no he hecho nada! Solo he caminado y me he topado con usted. Además, ¿cómo sabe mi nombre? Me desepera, en serio se lo digo.

- Jajaja No seas tan curiosa, no es sano. Solo te diré que ahora nos has ayudado con algo muy simple y que tienes para dar y regalar: la esperanza y el cariño. Con un gesto mínimo, has dado vida a este lugar. Los árboles ya vuelven a abrir sus hojas y empieza a correr savia por su tronco. Los árboles milenarios te dan las gracias.

- Esto es completamente absurdo.- dije haciendo un mohín y cruzando los brazos. Pero, qué bonito era todo aquello. No lo podía negar. Y eso de árboles milenarios sonaba muy bien... Sí, decidido. Llamaría a aquel lugar el Rincón de los Árboles Milenarios.

- Si llamas absurdo a haber hecho una buena obra, sí, es muy absurdo.

Le iba a contestar cuando una neblina empezó a dar vueltas a mi alrededor. Me sonaba esa sensación, este instante que estaba viviendo, pero seguía sin saber de qué.

- Bueno, hasta la próxima vez, Adelaila. Esperamos hacerte volver pronto. Muchas gracias y cuídate. Aunque estaremos cuidándote nosotros. Adiós.

Me quedé toda desconcertada. Cada vez mi vida era más rara. Eso estaba decidido.

Pensado en aquel lugar tan mágico, creo que me quedé dormida.

¡PUM!

No podía ser. Otra vez me había caido de la cama. Y, para variar, ya me empezaba a doler la cabeza. Qué bien, vamos. Vaya día llevaba.

No me levanté, me quedé tendida en el frío suelo, mirando al techo. ¿Qué había soñado? No lo recordaba muy bien. Creo que era algo de árboles, niebla... No, nada. Por mucho que lo intentara, no llegaba a más.

Me llevé la mano a la cabeza por segunda vez en ese día. Qué sorpresa, otro chichón asomaba al lado de los tres o cuatro que ya tenía.

A este paso iba a tener la cabeza irreconocible con tanto chichón por aquí y por allá.

Escuché una risa que provenía de la puerta. Me levanté despacio. Esta vez sí. Tenía energías renovadas. Cogí un cojín y lo tiré sin mirar, con toda mi fuerza. ¡Toma ya! De lleno en todo el careto. Acto seguido se oyó un maldición y un aviso de que me preparara.

Bien, la guerra había comenzado y esta vez, pasara lo que pasara, iba a ganar. Tenía que ganar.

Porque por mi cuerpo sentía una nueva fuerza. Confiaba.

Por primera vez en mucho tiempo, confiaba en mis posibilidades.

Confiaba en mi.

martes, 4 de mayo de 2010

El país de los Sueños Olvidados




Un día soñé con algo que se salía de lo que normalmente soñaba. Ya no eran los mismos paisajes, las mismas historias, los mismos personajes. Aquí se respiraba un halo de magia, de tiempo inamovible, de eternidad, de... de vieja y antigua soledad.

Un sitio precioso, único, agradable a la vista. No tenía una belleza normal, no. Su belleza se regía por el misterio que rodeaba a ese lugar, por el ansia de querer saber más por su historia, por el hecho, simplemente, de preguntarte cómo podía existir un lugar tan inverosímil.

No me pregunten cómo llegué, ni tampoco todo lo que hice. Más que nada porque de todo lo que me acuerdo es gracias al sentimiento de la gran melancolía que se siente cuando algo que en su tiempo fue espléndido pierde su fuerza, su viveza, sus ganas de seguir adelante y queda abandonado, alejado de todo ser.

Quizá pueda relatar algo de lo que allí hice nada más llegar... O, definámoslo, como lo que me acuerdo mejor.

El primer sitio que recuerdo en el que me hallaba era una plaza. Sí. Una plaza con una forma algo rara: era más o menos circular y de los bordes de esta salían como pequeños circulos que supongo que desde el cielo daban aspecto de una flor con los pétalos redondos. En su centro había una fuente. Pero no una corriente, como cabe de imaginar, todo en ese lugar era diferente. La parte baja de la fuente tenía forma de un gran pétalo elaborado de manera que el agua, al caer, no se escapara. El, digamos, tronco tenía forma de espiral y terminaba con la forma de un chorro de agua a presión lanzado hacia arriba pero con las puntas, cuando al agua le tocaría caer, curbadas hacia dentro. Debo decir que toda la fuente estaba hecha de los más exquisitos mármoles, de colores absolutamente magníficos y diversos que daban una tonalidad al agua preciosa, como la del arco iris.

Por desgracia, no cogí a ese lugar en su momento de gloria. De hecho, ya no salía agua de la fuente, estaba todo lleno de polvo. La llamé la plaza de las Flores Marchitas por los colores y lo espléndida que tendría que haber sido.

De este lugar salían diversas calles, rodeadas de edificios magníficos de todo los estilos de todas las épocas por las que ha pasado la humanidad: renacentista, gótico, modernista... Pero yo elegí una calle bastante grande. Suponía que aquella, al haber sido tan grande, en su tiempo hubiera sido la avenida principal.

Espectaliroso magnificiosamente precioso. Esta sería la forma más acertada de definir la avenida por la que me adentré. No os podéis imaginar lo que allí vi. Ese lugar era el bulevar de aquel lugar. Pero no un bulevar cualquiera, no señor. Era la calle por excelencia de las golosinas. Todas... pero todas la chucherías, gominolas, dulces que tu mente pudiera imaginar multriplicado por tres. Una inmensa avenida muy ancha y demasiada larga en la que no había un solo trozo de la pared de los edificios que no tuviera mínimo dos tiendas. Además, eran muy peculiares. Estaban construidas a unos tres metros del suelo y se accedía a ellas mediante unas escaleras de caracol con las barandillas más preciosas que has visto. Valía la pena parase delante de las tiendas simplemente por admirar la forma de estas escaleras. Cuando se subían no había ningún tipo de descansillo, sino que directamente se pasaba a la tienda. Horas te podías tirar intentando saber qué ibas a comprar. Y es que había de todo: tartas, pasteles, cosas sueltas, chicles kilométricos, pasteles que hacían que tuvieras hambre con solo mirarlos... No te podías ir sin comprar nada. Desgraciadamente y por una inexplicable razón, en cada tienda que entraba no había nadie y, además, no podía tocar la la comida. Había como un campo magnético que repelía mi mano de una forma inverosímil.

Por eso bauticé a este lugar como la avenida de las Delicias Intocables.


Me costó mucho abandonar este sitio y, aparte, atravesarlo dado su gran extensión pero, cuando al fin lo conseguí vi que desembocaba en un lugar que abarcaba un gran terreno. He de decir que este sitio me espantó. A simple vista se creía que se veían unos fantásticos jardines. Las figuras hechas eran las de animales. Todos los animales que existen y muchos más que nunca has vislumbrado estaban ahí, representados, detalle a detalle. Fíjate que si se habían esmerado en hacerlo todo perfecto que hasta los habían pintado de sus respectivos colores. Pero yo sentía que algo no encajaba.

Iba andando entre estas maravillosas figuras, pensando qué manos habían podido ejecutar unas obras de tan gran maestría cuando, de improvisto, me vino una ráfaga de viento con un gran tufo a cosas podridas. Exactamente, a carne podrida. Avancé y avancé en la dirección en la que venía el viento y el pestilente olor, con una gran curiosidad y a la vez con una inquietud ante lo que me podía aguardar.
Sin habla. Me quedé sin habla. No podía creerlo después de haber visto en aquel lugar tan maravilloso cosas tan dignas de admirar encontrarme de bruces con aquella imagen... De un gran árbol estaban colgados de sus inmesas y numerosas ramas bolsas. Bolsas con... con corazones, higados e intestinos dentro, bamboleándose al compás de la triste música que el viento se encargaba de coordinar.

En el momento de contemplar esto, me dí cuenta de todo y lo encajé: aquellas figuras que con tanto interés y admiración había estado mirando minutos antes eran animales de verdad. Pero estaban disecados. Vamos, que no eran plantas, como yo creía, y esas bolsas contenían sus órganos. Al llegar a este punto no sé qué me pasó. Quizá me desmayara, no sé, pero lo cierto es que cuando me desperté no me hallaba en este lugar tan terrorifico sino en un lugar distinto. No sé si el jardin y ese gran árbol fueron un espejismo que mi mente tejió con primor.


Llamé a este sitio el Jardín de los Animales Dormidos. Lo de "dormidos" era por darle un nombre más... menos fuerte.


Cuando me desperté me hallé tirada en medio de una lugar en el que era de noche. No había nada a mi alrededor a excepción de una gran fábrica que se alzaba ante mis ojos. No echaba grandes cantidades de humo, como cabría de imaginar. Simplemente estaba como... como todo en ese lugar: muerto, olvidado.
Era totalmente gris, tosco y frío a la vista. Aún así, me atraía como si una fuerza me dijera que fuera.

Me aventuré a recorrer la gran distancia que me separaba de aquel edificio tan siniestro lentamente, mirando a todos lados. Ya no me fiaba de nada de lo que me rodeaba. Al fin alcancé el gran portón de hierro que tenía la fábrica pero por más que empujaba no se movía ni un ápice. Lo intenté de todas las maneras posibles, pero no funcionaba nada. Ya sin esperanzas me senté con la espalda apoyada en el portón y me puse a pensar en la manera de abrirlo de una forma inteligente. Barajé la posibilidad de que se tuviera que apretar algún sitio de la pared para que se activara un mecanismo, pero lo deseché enseguida. Demasiado fantástico en mi opinión. Cansada ya, por casualidad, tomé suerte haciendo lo que tantas veces hago:
- Por favor, escúchame, estés donde estés, y ayúdame a abrir este gran portón. Lo deseo con...
Me interrumpí. Se estaba escuchando un chirrido, como de puertas abriéndose. Entonces me di la vuelta y lo vi: el portón estaba cediendo ante mi petición. Cualquier persona razonable no hubiera entrado pero, total, estas cosas solo pasan una sola vez en la vida, hay que aprovecharlas, ¿no?

La fábrica era, en verdad, una construcción muy simple. Había una sola habitación que abarcaba toda la planta del edificio, en cuyo centro de hallaba una gran máquina. Muy rara, para variar. Alrededor de esta había miles y miles de pequeñas cajas amontonadas en pilas que llegaban hasta el tan altísimo techo. Se dividían en dos colores: amarillo y verde.

Me acerqué a una de las pilas de cajas de menor altura (mediría unos dos metros y medio aproximadamente) y, con mucho cuidado, saqué una cajita amarilla. En ella ponía un nombre: Estefany. Me pregunté qué significaría y, acto seguido, fui a abrirla. No, no cedía. Estaba como pegada. Y tampoco se rompía. Era un material muy duro. Entonces me giré, con la intención de irme de ese lugar.

Se me cayó la caja de las manos y sonó con un sonido hueco. Me quedé en el sitio, sin moverme, con la respiración entrecortada y acelerada. Encima del gran portón que había cruzado antes había figuras. Muchas figuras. Miles y miles colgadas de una cuerda que les rodeaba el cuello a cada uno independientemente. Eran humanos, personas de carne y hueso. Estaban muertos, pero no podridos.

Grité. Grité con todas mis fuerzas. Cogí la caja del suelo y corrí hacia el portón, que estaba abierto de par en par, buscando salir de aquel lugar. El peor lugar que había visitado. Pero, de improvisto, las puertas se cerraron en toda mi cara y me quedé atrapada. Las luces se empezaron a encender y quedé deslumbrada por un momento. Cuando por fin conseguí ver algo vislumbré a una de las figuras que venía hacia mi, que se había soltado de la soga con la que estaba atada. Yo estaba aterrorizada. No me podía mover. Se acercaba más y más. Yo estaba temblando entera. Era una mujer. O, mejor dicho, una joven. Se me acercaba con los brazos extendidos, como queriendo coger la cajita que yo llevaba en mis manos. La apreté de forma estúpida contra mi, intentando "salvarla".

Cuando se hallaba a menos de un metro y medio se escuchó una potente voz. Una voz grave y autoritaria:
- Estefany, quieta.

La figura se paró de inmediato. Miré precipitada a todos lados, intentando descubrir de dónde venía aquella voz salvadora, pero no hallé a nadie. La volví ha oir, está vez con tono suave:
- No me busques, no me puedes ver. Pero tranquila, no te haré daño.

- ¿Quién eres? ¿Qué era esa cosa? ¿Qué quería de mi? ¿Qué es este sitio tan...? - empezé a preguntar.

- No te apresures. Todo a su tiempo... Bueno, respondiéndote a tu primera pregunta te responderé a la vez a unas cuantas que no me has formulado. Soy el antiguo alcalde de estas tierras. De este gran país, el país de los Deseos. Respecto a Estefany, te lo has buscado tú, has cogido su caja, le pertenece, es normal que te la quite. - acto seguido se escuchó una gran carcajada.

Muy desconcertada, dejé la caja en el suelo y me aparté, por si la joven se quería apoderar de ella. Al ver que no se acercaba, me extrañé.

- Si esperas a que vaya a por la cajita - dijo la voz del alcalde- te puedes quedar esperando. No la puede tocar.

- ¿Por qué no? Si es suya...- Yo no entendía nada.

- Porque ella misma se lo ha buscado. Fue codiciosa ya hace innumerables siglos y eso le pagó una gran factura, como a los que colgados todavía ves.

- ¿Qué...? Buen señor, ¿me podría contar un poco sobre este tema?

- Claro querida, pero debo ser breve, no me queda mucho tiempo. Hace mucho tiempo, este lugar esra el sitio más rico que existía. Lleno de todas las cosas que podías desear. De ahí su nombre. En el momento en el que el país estaba en su máximo esplendor montamos esta fábrica ya que habíamos conseguido convertir los deseos en realidad. Pero solo el que desees con más fuerza. Lo que nosotros llamábamos el Deseo Puro. Al construirse este edificio, se propagó la noticia y todas las personas del territorio vinieron hasta aqui. Pero nosotros estábamos decididos a dejar pasar a los cien primeros nada más. Esta noticia causó una gran conmoción y se produjo un gran revuelo. Todos se empezaron a pelear por ser unos de esos cien afortunados, y se produjo una carnicería. Los que estábamos al mando de todo quisimos evitar esta matanza y la única forma existente era encerrar en una caja el Deseo Puro de cada persona y conservar el cuerpo del dueño. Esto acabaría con el reino, pero era eso, o que todos murieran. Y así lo hicimos. Pero algo falló en los cálculos y a mis compañeros les pasó igual que a los ciudadanos. Solo "sobreviví" yo, y mira de qué manera. Mi misión es vigilar de lo que queda de nuestro mundo, a la espera de un milagro. A la espera de que alguien arregle la gran avaricia que se ocasionó en este lugar.

Me quedé impresionada. Era una historia verdaderamente curiosa y muy triste. Pero, ¿yo qué podía hacer?

- Y... ¿puedo ayudaros en algo?- pregunté con una esperanza de que dijera que no.

- Mmm... Ahora no, cariño - dijo el buen hombre-. Pero dentro de un tiempo quizá sí. Ya volverás, tranquila. Es que te necesitamos.

- Pe... pero yo no sé qué hacer. No sé prácticamente nada, yo no valgo para esto, yo...- empecé a decir.

- He dicho que ya nos veremos. En su momento sabrás qué hacer. Buen viaje y cuidate pequeña. Acuérdate: te necesitamos.

No me dió tiempo de decir palabra ya que me vi rodeada de pronto en una gran espiral de colores que giraba a mi alrededor. Me dió tiempo de ponerme a pensar sobre todo lo que había vivido en ese lugar tan misterioso y llegué a la siguiente conlusión: todos los sitios que había visitados tenían un significado escondido.

La plaza de las Flores Marchitas representaba las ganas del ser humano de coger el arco iris con las manos. Se refiere a las especiales ganas que se tienen de querer conseguir las cosas que no están a nuetsro alcance.

La avenida de las Delicias Intocables se refería a las tentaciones humanas. Las tentaciones más inalcanzables y deseables.

Y, finalmente, el Jardín de los Animales Dormidos representaba el conflicto por el que todo ese país estaba abandonado: la codicia por ser superior a los otros seres. Las ansias de más y más poder.

Además, bauticé al país con otro nombre: el país de los Sueños Olvidados. Lo llamé así porque, en mi humilde opinión, los habitantes que allí vivían se habían olvidado de lo realmente importante: soñar con sus deseos verdaderos y hacerlos realidad sin ningún tipo de trampa.

Temí las palabras que pronunció aquella voz: "... ya nos veremos". No quería volver. O no esperaba ese regreso con muchas ansias.

Quizá volvería. O quizá todo fuera un error... Quizá todo fuera un sueño...

Quizá...

domingo, 2 de mayo de 2010

Sonrisa de cristal

Todo lo arreglas así, mi amor. Todo. Me miras y con solo ver esa sonrisa de siempre, me has vuelto a ganar. Otra vez...

Esa sonrisa tuya, sí. Esa. Esa sonrisa, que es para mi lo que para un drogadicto su droga. Me inspira una tranquilidad insospechada, unas ganas de volver a verla, una sensación de no poder vivir sin ella, unas ganas de volver a sentir que es mia.

Pero como todo lo bueno, tienes algo malo. Sí, hasta tu lo tienes. Haces que te perdona las mil y una cosas malas que me has hecho, que lo olvide todo, como si una suave y delicada ráfaga de viento se las llevara. Si tú cambiaras después de que yo olvidara sería precioso. Pero no. Sigues con la misma postura con la que te conocí. Porque sabes que con tu sonrisa de cristal, inamovible, fría, cruel, me tienes de nuevo, como la primera vez.

Debería apartarme de ti. De tus malas manías. De tus malas palabras. De tus desprecios. Pero todo mi pensamiento cambia cuando caigo, una y otra vez, en la misma y desgraciada realidad: que te amo, te amo como no he amado a nadie.

Porque, al fin y al cabo, solo deseo despertar para volver a ver tu sonrisa de cristal.

miércoles, 28 de abril de 2010

(?)

¿Qué hace la gente para ser feliz?¿Qué hacen para sentirse bien con ellos mismos? Es que no soy feliz, no me siento bien con la vida que actualmente llevo. Por favor, a esas personas que son felices, les pìdo que me den su receta, su poción mágica para conseguir mi tan ansiada felicidad.

Es que me he dado cuenta que a lo que anteriormente llamaba "felicidad" era una simple ilusión, un mero engaño de mi mente para que fuera feliz temporalmente.

Es tan duro ver que un día estás ne un pedestal y, que al otro, tirada en el suelo, llena de barro y mierda preguntándote cómo has llegado hasta ahí cuando ni siquiera has hecho nada malo, solo ser tu misma. Y, claro, ahora la cosa sería decir: pero es que si no les gustas con tu fomra de ser, pues vete. Pero no, amigo, no es tan fácil. De lo dicho a lo hecho hay un gran paso y muchos se quedan en ese proceso, en medio, atascados sin saber qué hacer o qué camino tomar a continuación.

Me defino como alguien sensible, influenciable y sin la maldad de la que algunos presumen. También, desgraciadamente, soy dependiente de las personas. Dependiente de las personas que me rodean. Bueno, y todos dirán: yo también, no te digo. Pero no. Es que, simplemente, mi vida existe gracias a que hay alguien a mi lado en mi día a día.

Y, ¿sabéis cuánto duele... CUANTO DUELE VER QUE TODO LO QUE CREIAS SÓLIDO EN TU VIDA SE VA DESMORONANDO EN TODA TU MALDITA CARA Y VIENDO QUE AL FIN Y AL CABO NO VALIA LA PENA NADA DE LO QUE EN TANTO HABIAS INVERTIDO?

Piénsenlo... No lo lean por leer. Vivan las palabras, el sentimiento de desamparo, impotencia y desolación que hay impregnadas en ellas. Vean el sentido, no es ninguna tontería.

Ese vacío, ese sentimiento de que algo se te ha sido arrebatado por la fuerza hace que se me salten las lágrimas. Sé que no estoy sola, pero en mi día a día necesito a esas personas que me hacen sentir que soy parte de sus vidas y que me quieren tanto como para querer que no me separe de ellas, exceptuando a mi familia. Pero están lejos. Maldita distancia que tantos corazones has roto.

Vivo en un mundo tan hipócrita. Un mundo que se apuñala a sí mismo, un mundo que dice mucho y hace poco, un mundo lleno de malas intenciones y pocos buenos pensamientos, un mundo carente de la sensibilidad para entender las cosas que tantas personas necesitan, un mundo al que le da igual lo que ocurra al menos que suceda en su círculo.

Solo decir que, si no lo han adivinado todavía, mi punto más débil ahora mismo, el que más daño me hace, es la soledad. Sí, sentir que la soledad agarra tu corazón y lo oprime de tal manera que sientes que ya no podrás salir adelante como no te rescaten. Estaría bonito dar más detalles, pero no lo voy a hacer.

Espero que por un momento hayan sentido la desesperación que siento y que oculto con tanto fervor. U ocultaba.

jueves, 22 de abril de 2010

Es incomprensible

¿La verdad? La verdad es que no tengo nada de ganas de enamorarme, de embarcarme otra vez en amoríos. En los amoríos de siempre. No hay ganas, sinceramente ¿Para qué? Si veo que no me va mal, ¿por qué no esperar un tiempo a que todo en mi interior se tranquilize y todo se me pase y, entonces, volver a fijarme en los chicos con la intención de que hacia alguno sienta algo que no sea solo amistad?

Es que no sé, estoy algo cansada de haber sufrido y de haberme comido el coco. Aunque debo admitir que aunque no todo fueron cosas malas ni mucho menos, ahora mismo quisiera preocuparme algo más en mi y no "llevar" la responsabilidad que conlleva compartir sentimientos íntimos con una persona, sentimientos que van más allá de lo razonable.

A la vez que no me gustaría enamorar ni nada por el estilo, no me gustaría que ahora mismo a alguno de mis amigos les diera la picada de que yo les empezará a gustar. Me sentiría como oprimida y, conociéndome, sé que me alejaría y estaría más esquiva con esa persona con tal de que se olvidara de mi y de lo que siente. Es que tendría miedo a que se me "declararan" ya que no me gusta que, con mis decisiones, las personas se sientan mal porque siento que es por mi culpa. Aún así, si es necesario, le hecharé un par de morros, por no decir otra cosa y aunque suene raro, y diré lo que siento: nada.

Que no te guste nadie en verdad es una grandísimia ventaja, en mi opinión. Desgraciadamente creo que no puedo presumir de que no me guste nadie... No sé.

Creo que si estoy enamorada de alguien, aunque no estuviera conmigo, aunque me ignorara, aunque no supiera que existo, si esa persona es feliz, yo veo que también debo serlo. Aún así, es algo muy subjetivo, es algo que se puede ver incoherente, es algo con lo que muchas personas estarían muy en desacuerdo ya que pensarían que no puede ser que si quieres estar con alguien pero no puedes y esta persona es feliz tal y como está, tu tienes que ser feliz ya que sufres viendo cómo la esta vive sin echarte de menos. No sé si se me entiende x)

El amor es algo tan complicado, señoras y señores. Se tiende a confundir con el sentimiento de la amistad por el simple hecho de querer que una persona esté a tu lado el mayor tiempo posible, de sentirte bien en su compañía, de sentir que no necesitas a nadie más. Pero es algo más complejo, es algo que no podemos llegar a comprender ya que, directamente, es incomprensible. No se puede describir con palabras, ni con gestos, ni con nada material. Ni siquiera con el tiempo. Es indescriptible, cuando te enamoras de alguien, intentar hacer ver cuánto le quieres ya que todo lo que vayas a decir te sonará a poco, a poquísimo comparado con lo que en realidad sientes. Y te sientes impotente cuando esa otra persona te dice "Yo te quiero más" o "Ya lo sé" ya que NO puede saber cuánto le quieres, cuánto le amas, todo lo que darías por él o ella. Te molesta que te diga que te quiere más que tu a él o ella ya que eso es prácticamente imposible. Te molesta que diga que ya lo sabía porque por muchas veces que oiga salir de tu boca "Te amo" nunca sabrá de verdad lo intenso, lo verdadero, lo sincero, lo profundo y transparente que es el amor que sientes.

Es impresionante cómo un sentimiento puede llevar la gloria a tantas personas y hacer caer en el infierno a otras cuantas.

viernes, 16 de abril de 2010

Yes :)

¡Hey!

Me siento diferente. Al fín me di cuenta de la verdad.

Y eso es algo reconfortante.

Muy reconfortante :)

jueves, 15 de abril de 2010

Un signo de impotencia, una manera de expresar

Y sabiendo las consecuencias de mis actos,
yo me aventuré en esta pasión.
Pasión de mis amores,
pasión de mi corazón.

No digo que me equivocara,
no digo que todo fuera mal.
Solo pienso que quizá las cosas se podían mejorar,
solo pienso que quizás no encontramos un buen final.

Creyendo en tí este corazón no penso en él,
solo se dejó guiar por lo que tu pedías.
Solo imaginó un buen presente y futuro,
solo imaginé una relación sin tonterías.

Saber que se puede contar con alguien siempre es un gran alivio,
ser sincero y no amargarte tu sola en tu soledad.
La pena es si no encuentras un hombro donde llorar,
el problema es si ese hombro te escucha con maldad.

Se arriesga tanto en tan poco tiempo,
que cuando te das cuenta preguntas por qué.
Preguntas por qué no pensaste las cosas dos veces,
no estas seguro de que lo que hiciste estaba bien.

Y es que esta vida la veo muy efímera,
no la vivimos por intentar descifrar sus incógnitas.
Y es que esta vida la veo tan compleja
que nos acabamos cansando de intentar resolver sus enigmas.

Tanto tiempo malgastado en cosas vanales,
tantas palabras dichas en vano.
No sabemos distinguir lo importante de lo trivial
no sabemos apreciar las cosas de verdad.

Muchas peleas absurdas,
demasiadas disputas innecesarias.
Muchas relaciones terminadas por equivocación
demasiados corazones rotos por tonterías.

Nos sentimos muy mayores
pero no somos más que niños.
Asustadizos, ingenuos, torpes
valientes, inteligentes, listos.

Si lucháramos por la verdad
veríamos la realidad:
que esta es demasiada dura,
demasiado cruda.

Muchas cuestiones son las que me planteo,
a pocas encuentro respuestas.
Aún así sigo luchando por hacer ver
que la vida no es lo que aparenta.